Cuando salimos de Tacuarembó no me sentía del todo bien, pero ya habíamos retrasado

nuestra salida hacia Rivera un día, así que no quería seguir modificando los planes, pues nos esperaban en esa otra ciudad.

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Un amigo que hicimos en Tacuarembó, Daniel, nos condujo unos cuántos kilómetros a través de la ruta 8, en dirección norte, puesto que fuimos a conocer la usina de Cuñapirú. Esta fue la primera obra de este tipo en Sudamérica, pues se terminó de construir en 1882. 

Las cinco turbinas producían energía para mover las máquinas de molienda, desde las cuales se extraía oro. La mayor parte de los trabajadores eran inmigrantes, sobre todo italianos, franceses y alemanes, quienes llegaron por cientos atraídos por esa “fiebre del oro a fines del siglo XIX”.
La Compañía Francesa de Minas de Oro del Uruguay levantó un enorme complejo minero en Santa Ernestina, desde donde se trasladaba la piedra a bordo de un ferrocarril.
Lo más impresionante es que uno de los motores provenía de un submarino alemán de la Primera Guerra Mundial. La usina funcionó hasta principios del siglo XX y en 1959 una inundación terminó por cerrar la zona.
Hoy solo quedan vestigios de la casa patronal y salas de máquinas.

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Más imágenes:

 

Desde ahí nos quedaban apenas 70 kms para llegar a nuestro destino, la ciudad fronteriza con Brasil, Rivera. A medida que avanzábamos me sentía cada vez peor. Había hecho algunos contactos y en la ruta nos esperaban dos motociclistas de la zona, Néstor y Goyo. Con ellos llegamos hasta la ciudad, donde yo ya no podía más y al llegar a nuestro destino tuve fuertes vómitos. La comida uruguaya, fuerte en frituras y grasas me había pasado la cuenta. Mi sistema digestivo colapsó. Afortunadamente entre nuestros nuevos camaradas de Rivera había un enfermero, quien trajo suero y otros medicamentos, los que rápidamente me trajeron de vuelta.

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En los días siguientes nos dedicamos a conocer la zona. La ciudad, en su mitad sur se llama Rivera y está en Uruguay, mientras que la sección norte, Santana do Livramento, en Brasil.

Las divide apenas una calle. Así que estuvimos pasando de Uruguay a Brasil y viceversa varias veces, sin necesidad de hacer los trámites fronterizos. La ciudad está repleta de comercios, muchos de ellos con locales sin impuesto, por lo que el intercambio comercial es altísimo. A mi parecer, mucho más que en cualquier otra ciudad que hayamos visitado del Uruguay.

Otra cosa curiosa es que de un lado de la calle todo estaba en español, mientras que del otro, en portugués. En un lado se usaba el peso uruguayo y en el otro reales. A momentos era complicado, porque existe un altísimo flujo de un país a otro, así como de las costumbres.

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De hecho, en todo el sur de Brasil –Rio Grande do Sul- se mantienen muchas costumbres propias de Argentina y Uruguay, como el consumo de mate y varias relacionadas con los gauchos.

Guía para cruzar de Uruguay a Brasil

Ahí en la ciudad existe una Aduana integrada -la que se encuentra en un shopping llamado Siñeriz-, que permite hacer los trámites migratorios en un solo lugar. Basta con pasar por la ventanilla de Uruguay para salir del país y luego a la de Brasil para que timbren el pasaporte. No es un trámite de más de 5 minutos. En general, la información está disponible y el papeleo no se complica por los funcionarios. Con ese trámite basta para los países Mercosur. Pero al ser Chile un país que no está en propiedad dentro de esa alianza comercial, aún nos quedaba hacer el trámite en Aduanas para poder pasar la moto de  un país al otro de manera legal.

En ese lugar solo es necesario presentar el pasaporte. Si se quiere viajar con otro documento de identidad es necesario completar un documento para ingresar a Brasil que luego se debe exhibir al salir del país.

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El trámite para nosotros es más largo, porque debíamos ir directamente a las oficinas de Aduanas de los respectivos países. No fue complicado, pero sí lento, pues cuando estábamos en la Aduana brasileña (Receita Federal) nos dieron las 17.00 hrs, así que cuando llegamos a la oficina de Uruguay ya habían cerrado y debimos hacerlo al día siguiente. Ambas oficinas de Aduanas se encuentran en distintos edificios, uno en cada país, pero ubicados bastante cerca en torno a la plaza principal de la ciudad.

En el caso de la oficina de Brasil, funciona hasta las 20.00 hs.

Para salir con la moto de Uruguay solo se debe presentar el documento de propiedad para que cierren el ingreso, y en Brasil me solicitaron el documento de propiedad del vehículo y me documento de identidad.

Ojo que tanto en Uruguay como Brasil se debe adquirir un seguro de responsabilidad civil internacional. Yo lo adquirí por Internet en una aseguradora chilena, pero jamás me fue solicitado.

Todo el trámite es gratuito.

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Teniendo todo en regla –incluyendo un seguro para la moto que no nos fue pedido en la frontera- seguimos hacia Rosario do Sul, la primera ciudad que visitaríamos del país. Ahí cargamos combustible –muchísimo más barato que en Uruguay y que en el propio Santana do Livramento- y coordinamos con Diogo, un brasileño que conocí en 2017 mientras recorría Chile, y que ahora nos alojaría mientras visitamos la zona.

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Nos costó llegar a su casa. El trayecto en total era de más de 500 kms, yendo por la BR 290, una carretera con mucho tránsito de camiones y también con tremendos baches. Cuando ya se hacía de noche llegamos a Porto Alegre, en medio de un tráfico tremendo en la autopista de ¡5 carriles por lado! Aún así, los vehículos prácticamente no se movían. Tardamos una hora y media en salir del atochamiento y así juntarnos con nuestro amigo.

Junto a él tuvimos oportunidad de visitar la capital del Estado, una zona cercana a la ciudad llamada Sapiranga, Ferrabraz, Novo Hamburgo, Ivoti, cascada de Dos Irmaos y luego decidimos viajar hasta Santa Catarina a través de caminos de ripio o carreteras secundarias, para así conocer diversos atractivos naturales de esta parte del país.

Algunas imágenes:

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Lo primero que visitamos fue Sao Francisco de Paula, después nos fuimos a visitar unos embalses llamados Do Blang, Da Divisa –llamado así porque divide la ciudad de Sao Francisco de Paula con Canela- y Do Salto. Los caminos son muy duros, con subidas y bajadas muy pronunciadas, que nos pusieron en aprietos unas cuantas veces. También tuvimos que cruzar varios cursos de agua y zonas con barro. Aprovechando las vistas, quise hacer unas fotos junto al dique, pero puse mal la pata de la moto y esta se me cayó justo en una subida tremendamente pronunciada.

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Algo mojados y con frío decidimos acampar en Cambará do Sul, un pequeño poblado turístico, conocido porque desde allí es posible visitar varios cañones y lagunas.