Salir de Oiapoque, en el extremo norte de Brasil, nos costó un poco. Entre que fui al banco a sacar dinero, en que teníamos que buscar en el mapa la dirección

en Guyana Francesa, cambiar reales a euros y averiguar dónde hacer los trámites fronterizos se nos pasaron más de dos horas.

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Al final casi todo lo que hicimos estuvo de más. Los trámites se pueden hacer en las oficinas que se ubican a un costado del puente sobre el río Oiapoque. Ahí timbramos la salida de Brasil. Luego de 380 m cruzando la estructura sobre el agua -recientemente inaugurada- llegamos como arte de magia a Europa. Lo primero que se ve es un cartel de la UE con el nombre de Francia. Metros más allá otro letrero dando cuenta que se está ingresando a Guyana Francesa.

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Después de hacer unas fotos nos fuimos a las casetas de control. Éramos los únicos allí. La policía me habla en francés y no entendía ni una palabra. Le pregunto si habla inglés, pero me responde que no. Intento con portugués y uno de los oficiales sí hablaba. Entonces le expliqué nuestro motivo de visita al país. Pidió los pasaportes y nos envió luego a Aduanas, donde el único documento que nos exigieron –además del de propiedad de la moto- fue un seguro. Sabía que se podía comprar ahí mismo. Lo que no sabía es que el seguro lo extienden únicamente por 30 días. Ni más, ni menos tiempo. Y el valor fue de 175 euros (unos US$200). Bastante caro, me dolió el bolsillo, pero no me quedaba de otra.

Pero bueno, lo tenía que comprar si quería ingresar. Después de esperar en las oficinas –que por cierto son nuevas y bastante modernas- seguimos hacia Cayena, la capital de este departamento de ultramar francés.

Los chilenos podemos ingresar solo con el pasaporte y la libreta de vacunación contra la fiebre amarilla, que es requisito obligatorio para ingresar a esa zona de América.

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La carretera en general estaba en muy buen estado y se veían muchos sectores con trabajos de mantenimiento. Sin embargi, no hay mucho que ver más que selva. De tanto en tanto  aparecían algunas faenas forestales, pues una de las actividades productivas de la región es la comercialización de madera. También varios de los puentes eran de un solo carril, por lo que en ocasiones debíamos esperar cuando venía un vehículo en contra.

Pasamos por el pueblo de Saint George L’Oiapok donde notamos un cambio brusco respecto de Brasil. Es todo más ordenado y algo más limpio. Muchos –o todos- los autos eran nuevos, de marcas de procedencia francesa.

La Guyana Francesa sigue siendo territorio de Francia, por ende, se rigen con las normas de allá, desde la lengua, moneda (euro), señalética, normas viales, etc.

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Al acercarnos a Cayena comenzó a aumentar el flujo de vehículos. Nosotros íbamos a la casa de Cristopher, un francés que vivía hacía mucho tiempo en Venezuela, pero que emigró de ese país debido a la situación política actual. Con él nos alojamos, y fuimos afortunados por eso, ya que los precios que se manejan en la ciudad para alojar son bastante altos. Lo más barato que se pueden conseguir son 90 euros por noche.

De hecho, la Guyana francesa es en general bastante cara, sobre todo para el bolsillo de viajeros de larga distancia como nosotros. Si quieren ir vayan preparados para pagar precios de Europa, que además se ven incrementados por los costos de envío, dado que la mayor parte de sus productos provienen desde Francia. Según los locales, todo cuesta un 30% más que en Francia.

Antes de llegar donde nuestro contacto paramos en una estación de servicio a comprar agua. Un litro de bencina (gasolina) cuesta 1.65 euros… carísimo respecto a otros países sudamericanos.

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Ahí las personas se nos acercaron a mirar la moto y preguntar por nuestro viaje. Afortunadamente nos topamos con varios que hablaban inglés. Eso fue muy llamativo, porque no solo escuché el francés y portugués, sino que oír personas conversando en inglés, criollo, chino y hasta en español. Todo eso debido a los diversos orígenes étnicos de sus habitantes y por la migración actual que experimenta la zona.

Llegamos donde Cristopher y salimos a recorrer en las cercanías del barrio. Todo era muy distinto a lo que se acostumbra ver en ciudades latinas… algo más de orden, distintas señaléticas, construcciones diferentes. La verdad es que me sorprendí bastante de este pequeño territorio que no tiene más de 250.000 habitantes.

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Cayena

Al día siguiente no pudimos salir temprano a conocer. El calor era demasiado. Todo el día sudando, no era buena idea salir a recorrer la ciudad a pie. Así que acompañé a Cristopher a hacer compras en supermercado, donde tuve oportunidad de ver un poco de la rutina de sus habitantes.

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Ya hacia la tarde nos dirigimos al centro de Cayena. Lo que nos llamó la atención es que pese a ser la capital parece apenas una ciudad pequeña, con construcciones de madera, sin edificios y muchísimo comercio. Todo es muy tranquilo y en general hay un gran respeto vial.

Aprovechamos de visitar el cementerio –que es algo que siempre hacemos con la Pau en los distintos lugares que conocemos- y comprobamos la diversa conformación de culturas: franceses, brasileros, vietnamitas, chinos, africanos y otros de procedencia latina descansaban en el campo santo.

Luego fuimos al “pointe Buzaret”, donde nos dijeron que se podía tener una excelente vista de la ciudad. Y efectivamente, el atardecer junto al mar, entre las palmeras y con una vista de la ciudad fue realmente mágico.

Dimos una vueltas más y regresamos. Pero lo más sorprendente es la cantidad de comercios, de los más variados tipos. Se ve mucho movimiento en la ciudad.

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Durante la noche aprovechamos de conversar y compartir con Cristopher, Yedilka, Amne y Esteban, un viajero argentino que lleva 5 años recorriendo América. En particular la Pau intercambió ideas sobre artesanías y métodos para sostener un viaje de este tipo.

Así estuvimos un par de días recorriendo la ciudad, viendo un poco más de la idiosincrasia local.

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Pero ya teníamos que comenzar a preparar la continuación de nuestro viaje. Y conversando en Guyana, además de la información disponible en internet, dimos con que en Cayena existe un consulado de Suriname –nuestro próximo país– y que allí podíamos conseguir la “tarjeta del turista”, con la cual podíamos ingresar. El consulado se ubica en pleno centro, en diagonal a la plaza principal de Cayena.

Los chilenos no precisamos de una visa para que se nos permita el acceso así que el trámite es mucho más fácil. La verdad, debería escribir “fácil”. Llegamos al consulado ubicado en el centro de Cayena. Todo estaba en francés, pero la oficina de atención al público es pequeña, así que rápidamente comprendimos cómo es el trámite. Solo debíamos presentar el pasaporte, la tarjeta de vacunación contra la fiebre amarilla y pagar una tasa de 35 euros.

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El problema fue que al hablar con la funcionaria se hizo algo difícil, dado que el idioma oficial en ese país es en neerlandés (holandés) y surinamés. Entonces la comunicación fue algo enredada. Me hicieron pasar tras una puerta y en un inglés algo complicado me hicieron varias preguntas. Luego de explicar las razones de nuestro viaje nos otorgaron el documento.

El resto del día fue seguir conociendo la ciudad. Al atardecer fuimos en grupo hasta el Fort Diamond, una fortaleza del siglo XIX, que es patrimonio francés, ubicada junto al río L’Oyac. Actualmente solo se puede apreciar desde fuera, ya que es Monumento de Francia y el acceso es restringido. También en el sector pudimos ver algunas de las playas de Cayena, aunque la verdad no son muy amplias ni de arenas blancas como veníamos viendo en Brasil. Al tener la desembocadura de varios ríos el agua es café y la escasa arena disponible está siempre con pasto, ramas u otra vegetación, que no la hace más que apta que para la contemplación. El baño está prohibido.

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Nos fuimos al espacio

Luego de eso llamamos a la base espacial de Kourou, una ciudad ubicada a 50 kms al este de Cayena. Allí se encuentra el Centro Espacial de Guyana, que este 2018 cumple 50 años de funcionamiento en tierras sudamericanas. Desde ahí la Agencia Espacial Europea y otros países realizan lanzamientos de cohetes Arianne, Vega y Soyuz.

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Para reservar una visita guiada es necesario llamar con al menos 48 hrs de anticipación y entregar varios datos, como fecha de nacimiento, número de pasaporte, domicilio... todos datos que son corroborados el día de la visita. 

La base es bastante impresionante y moderna. Es realmente ingresar a un recinto militar. De hecho, está protegida por la Legión Extranjera. Pero también tiene algunos lugares perfectos para tomar fotografías de postal turística.

Lo primero que se visita es un museo que cuenta varios hitos de la historia de la investigación espacial y también hay algunos juegos para enseñar nociones básicas de física. Si es que se hace la visita a la base el costo del museo es de 4 euros. De no ir al tour, es de 7 euros.

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Luego se realiza la visita a las instalaciones de la base, que dura aproximadamente 3 horas. Se sube a un bus acondicionado que recorre las instalaciones, pasando varios controles de seguridad, fuertemente vigilados y protegidos con cercas eléctricas. El tour se realiza íntegramente en francés, pero para nuestra fortuna una de las personas hablaba español, entonces pudimos captar mejor las explicaciones.

Visitamos el lugar de lanzamiento de los cohetes rusos Soyuz. Estuvimos en la base del puesto, donde se prenden los motores. Está todo negro y quemado por las explosiones. El último lanzamiento se realizó en marzo de este año y el siguiente será en noviembre. Nos explicaron que desde la Guerra Fría los rusos montan sus cohetes de manera horizontal y solo antes del lanzamiento lo ubican de forma vertical dentro de las torres de lanzamiento.

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A 12 kms de distancia de los Soyuz están las torres de lanzamiento de los Vega y Arianne. Francia e Italia tienen una manera distinta de montarlos, siempre de forma vertical.

En general desde allí se lanzan cohetes que llevan satélites de telecomunicaciones, militares, para seguridad, investigación, entre otros. Visitamos además las salas desde donde los ingenieros controlan todo y desde donde se hace el conteo antes de la ignición. 

Hecho el recorrido, visitamos también algo de la ciudad de Kourou, bastante pequeña, pero ordenada y con lugares para descansar junto al mar.

En los días sucesivos nos preparamos para iniciar nuestro viaje al sexto país de esta travesía, Suriname, lo que les contaremos en el próximo blog.

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