Ya llevo unas cuantas horas batiéndome en la hamaca, sin nada más que hacer que mirar por la borda cómo avanzan

lentamente los árboles frente a mí. Solo un niño pequeño, con la camiseta de Neymar Jr, me distrae cada cierto tiempo cuando ríe por jugar con su hermana aún más pequeña.

El calor es sofocante a ratos e inclusive por el viento que ingresa por los costados del navío Breno es difícil soportarlo.

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Vamos viajando desde Belem, ciudad en el norte de Brasil, hacia Macapá… aún más al norte; en el estado de Amapá. Vamos hacia allá porque es la única ruta terrestre por la cual podemos llegar a nuestro siguiente destino del viaje: la Guyana Francesa.

Estuvimos unos días detenidos en Belém, gracias a la invitación de “Papa”, Valquiria, Miguel y Olinda, quienes nos facilitaron una habitación en una granja en las afueras de la ciudad. Ahí nuestra preocupación mayor fue la de recoger huevos, pasear por la finca y mirar la diversidad de animales que llegaban a la casa.

Recuerdo que salimos un día viernes por la tarde. Pero habíamos llegado bastante temprano al puerto, porque el sistema de carga es algo enredado: los vehículos suben a las embarcaciones en un sitio, la carga en otro y las personas en un terminal hidroviario, bien lejos uno del otro.

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Como íbamos en moto fuimos los primeros en abordar, pero también tuvimos que pasar unas 4 horas arriba del "Breno" antes de partir, esperando que todo estuviera cargado, amarrado y enrolado. De todas formas, el proceso no fue menos interesante. La habilidad con la que los estibadores subían las cosas nos sorprendió. De verdad que son muy ingeniosos.

El costo de viajar desde Belém a Macapá en moto es algo elevado. El precio por subir la moto es de R$300 (US$79) y por cada uno de nosotros R$150 (US$39). A eso se deben sumar R$15 (US$3,9) por uso de las instalaciones portuarias. El precio de la moto varía de acuerdo al tamaño y en el caso de las personas se puede negociar un poco en el lugar.

Los navíos son abiertos y para descansar los pasajeros deben portar una hamaca. Las dos cubiertas cuentan con ganchos desde donde se pueden colgar. Nosotros, como fuimos los primeros en subir al embarcar la moto, pudimos elegir una posición a nuestro gusto, pero quienes subieron en el terminal hidroviario prácticamente peleaban por obtener una buena posición.

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Eso sí, antes de llegar al sitio donde se embarcaban las personas debíamos escondernos en la zona de carga puesto que está prohibido que pasajeros asciendan en los muelles donde se estiban los productos que se llevan en el navío.

Sorteado todo eso, salimos ya al anochecer. En estas latitudes ya pasadas las 17.00 hrs el sol se esconde... aunque a las 4 AM ya empieza a aclarar.

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El viaje al comienzo es bastante movido. El navío se bate de un lado a otro, con bastante fuerza. Por algunos instante me sentí algo mareado, pero de a poco, y al cabo de unas 3 horas ya la navegación fue suave y sin contratiempos. Quizás el único malestar para mí fue el que tuve que bajar a la zona de carga varias veces a cambiar la moto de ubicación, porque a medida que el barco avanzaba se acercaban otros navíos menores a dejar carga –principalmente cestas con un fruto local llamado Açaí- y todo se tenía que re-acomodar.

Ya era tarde y como no habíamos comido desde el desayuno fuimos a comprar algo para cenar. En el mismo barco venden, a un precio de R$15 (US$3,9), un plato de comida bastante abundante. Solo el desayuno va incluido en el pasaje.

El bote se movía de un lado a otro. De pronto un poco de agua nos salpicó de tal manera que nos mojamos bastante. Por suerte la comida no se arruinó.

Después de eso el trayecto fue bastante aburrido hasta que cerca de las 20.00 hrs se apagaron las luces. A dormir.

Me costó un poco conciliar el sueño debido a la falta de costumbre de dormir en hamacas. Pero lo logré a ratos. A mitad de la noche tuvimos una detención bastante larga -2 a 3 horas- mientras se cargaba Acaí.

Después de mirar cómo los estibadores se pasaban de un bote a otro como quien camina por la calle, me fui a dormir. Hacia el final de la noche la temperatura bajó mucho, como no había sentido en Brasil. Es necesario dormir con una manta.

Pasadas las 6 AM pasan un aviso por radio de que el desayuno está listo. Y al mismo tiempo la luz del día dejaba ver el intenso flujo y vida en torno al delta del río Amazonas.

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En la ribera del río… en verdad son muchos ríos que se juntan… estaba repleto de casas. Casas bastante sencillas, todas ellas con un pequeño muelle afuera. Niños, mujeres, ancianos, familias completas viven en la zona. Me sorprendí al ver desde lejos y entre los árboles, casas, negocios, iglesias, aserraderos y diversos comercios. Es como estar en una ciudad, pero donde las calles son ríos y en que las casas están dispersas entre la selva amazónica.

Algunos viajaban en lanchas a motor, otros con remos, algunos miraban con detención el barco, otros sin prestar atención. A pesar de que está nublado hace muchísimo calor, pero la vida aquí sigue como nada. La vegetación es sorprendente y ocupa cada rincón de tierra. Solo veo sitios despejados en donde se cortan árboles para extraer madera. Pájaros y muchas mariposas vuelan junto al barco.

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De tanto en tanto, el motor del barco dejaba de rugir y se calmaba. Nos deteníamos a dejar personas, que luego se subían a pequeños botes. Me dio la impresión que eran una especie de taxis acuáticos.

Cuando quedaban unas 3 horas de viaje, según el GPS entramos al río Amazonas propiamente tal. Me sorprendí por su tamaño. Es como un pequeño mar en el que cuesta ver de un lado al otro. La tarde ya se avecinaba y los colores daban también un toque al viaje.

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A lo lejos se veían los edificios de Macapá, pero el "Breno" tomaba otra dirección. Íbamos hasta Santana, ciudad ubicada a 23 kms y que cuenta con los sitios de atraque. Al llegar, comenzó un pequeño caos. Muchas personas se abalanzaron sobre el navío ofreciendo sus servicios para descargar a cambio de una tasa. Así, de a poco, la embarcación comenzó a quedar vacía… de personas y de carga, pero entre mucho ruido, gritos, transacciones de dinero y calor.

Entre tanta gente nos esperaba “El Profeta”, del moto club Latitud Zero. Él nos hospedaría y mostraría la ciudad.

Entre varias personas bajamos la moto, no sin antes tener que pagar algún dinero por la “ayuda”. Cargué todo y salimos rumbo a Macapá, ciudad capital del estado de Amapá. Tanto en el puerto de Belém, como en Santana, se deben pagar R$15 (US$3,9) por el uso de las instalaciones portuarias.

Al día siguiente salimos temprano hacia el centro de la ciudad. Ahí se encuentra un hito que marca el punto por el cual pasa la línea del Ecuador. Aprovechamos de pasar del hemisferio sur al norte, y viceversa, varias veces. Pero lo más interesante fue ver el estadio Zerao, ubicado justo frente al hito, porque una mitad de la cancha está en el hemisferio sur y otra en el norte. Bastante curioso.

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Después de eso fuimos hasta la Fortaleza de Sao José, la más grande construida por los portugueses. En 1766 se comenzó a edificar. Me comentaron acá que debido a su enorme tamaño junto al Amazonas intimidó a los invasores y nunca fue necesario disparar siquiera una bala desde ahí. Pero en el siglo XX fue utilizada como campo de detención y otras cosas durante la dictadura militar de Brasil.

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Dejamos la fortaleza y fuimos a almorzar junto al Amazonas. Ese día Brasil elegía un nuevo presidente y las calles estaban tranquilas. A la mañana siguiente nosotros salíamos desde Macapá para recorrer los 538 kms hasta Oiapoque, en la frontera con Guyana Francesa.

Llegado el día, nos levantamos bien temprano, antes de las 6 AM. Una hora después ya estábamos en ruta. Nos esperaban más de 500 kms de viaje para llegar a Oiapoque, la última ciudad brasilera que visitaríamos en esta parte del viaje.

Todo iba bastante bien, pese al sol, aún no hacía calor, la carretera estaba en muy buen estado y con poco tránsito. Así nos fuimos más de 200 kms parando solo un par de ocasiones a beber agua y repostar combustible.

En un momento vi desde lejos un animal en el camino. Era un perezoso. Lentamente se movía así que me detuve en la vía y junto a otros automovilistas lo quitamos del camino para evitar que fuera atropellado.

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Cuando quedaban 160 kms comenzó un tramo de 110 kms de ripio. Afortunadamente para nosotros cruzamos ahora en época seca y el camino es bastante sencillo, llenos de hoyos y polvo, pero nada más que eso. Había leído muchísima información respecto al pésimo estado en la época de lluvias, cuando ese tramo demora más de 12 horas. Nos topamos pocos vehículos en la carretera, pero los que cruzábamos iban tremendamente rápido y nos cubrían de polvo.

En el camino se encuentran algunas localidades, donde es posible cargar combustible y comprar algo para comer. Pero en general la ruta es bastante solitaria y no existen muchos servicios.

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Llegamos todos sucios a Oiapoque cuando ya eran cerca de las 17.00 hrs. Pensamos en cruzar a Guyana Francesa, pero estábamos muy cansados y no sabíamos nada sobre alojamiento, idioma y otras cosas al otro lado del río Oiapoque, que sirve como frontera entre ambos países.

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Encontramos un hotel, hicimos algunas compras y nos preparamos para el día siguiente.