Entre un cielo nublado y amenazante de lluvia apareció entre nosotros el puente internacional Rumichaca,

que marca la frontera entre Ecuador y Colombia.

Una curva hacia la izquierda hace aparecer el lugar, repleto de comercio, taxis y cambistas de dinero. La primera imagen es de un desorden absoluto, pero luego de unos instantes ya todo se hace más claro.

Lo primero que se encuentra a mano izquierda es el edificio de la migración ecuatoriana. Existe solo una fila tanto para las personas que ingresan y salen del país, por lo cual –y debido a la alta presencia de migrantes venezolanos- la espera para llegar a ventanilla es de más de una hora. Luego de eso, en una puerta pequeña, casi olvidada en toda una esquina del edificio está el lugar donde se debe entregar el documento de Aduanas para marcar la salida del vehículo del país. Lo único curioso es que piden una fotografía de éste, con el teléfono, la que a su vez fotografían. “Para el registro”, me explicó la funcionaria.

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Sobre el puente existen enormes carteles de bienvenida y buen viaje, dependiendo del país al que se vaya. Paramos a la foto y ya, estábamos en Colombia.

Rápidamente se acercan muchísimos vendedores de SOAT (Seguro Obligatorio que se debe adquirir para conducir un vehículo por el país) y cambistas de dinero, quienes agitan enormes fajos entre sus manos.

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Para ingresar a Colombia había 3 filas en el edificio de migración, una para exclusiva para colombianos, una segunda única para venezolanos y la tercera, y más pequeña, para viajeros de cualquier otra nacionalidad. Ahí estuvimos unos 20 minutos y tras recibir la bienvenida y timbre, pasamos a Aduanas, inmediatamente al frente.

Es importante señalar que para tener el documento de Aduanas OK, hay que llevar FOTOCOPIAS de:

  • Pasaporte y timbres de ingreso al país
  • Documento o título de propiedad del vehículo
  • Licencia de conducir

Luego de eso ya se puede entrar a Colombia, no sin antes adquirir el SOAT. En caso contrario, y ante un control policial, el resultado puede ser el decomiso del vehículo.

El SOAT lo venden de acuerdo a la cilindrada de la moto, el año y además van considerados dos impuestos estatales (circulación y semaforización). En nuestro caso, el seguro por un mes costó $67.000 pesos colombianos (US$25) por el plazo de un mes.

Ahí mismo en la frontera cambiamos dinero, ya que el cambio que se entrega es bueno.

Fueron casi 5 horas de trámites y fotos. En ese lapso, las nubes que nos recibieron ya entregaban una leve pero constante lluvia.

La primera ciudad que visitamos –y donde íbamos a alojar- era Ipiales. Ahí teníamos una reserva en un hotel. Nos costó un poco encontrarlo, pero finalmente dimos con él.

Ahí conocimos a una pareja de colombianos, que iban de viaje pero en sentido inversos a nosotros. Aproveché de conversar harto con ellos y preguntar algunos datos básicos para movernos por el país-.

Al mismo tiempo comenzamos también a disfrutar de la comida colombiana, que es bastante variada y, además, económica. Un menú, que se sirve usualmente con una sopa, plato principal y jugo, cuesta unos $5000 pesos colombianos, unos US$1,5. No es necesario buscar mucho, en general en todos los sitios para comer el valor es así de bajo y la cantidad de comida abundante. 

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Queríamos visitar desde Ipiales el Santuario de Las Lajas, muy cerca de ahí, pero ya estaba muy frío y lluvioso. Esperamos al día siguiente.

Avanzamos por la ruta en la mañana y las vistas del campo colombiano eran asombrosas. Vimos un teleférico que caía sobre la montaña hacia el Santuario, ubicado entre los cerros. Era como película de Harry Potter.

Seguimos bajando por una carretera perfecta, hasta que llegamos al ingreso del Santuario. Se veía una gran cantidad de personas y también muchísimo comercio. Lo que nos sorprendió fueron las parrillas donde asaban cuy, un animal muy consumido en esta zona del país, igual que en Ecuador y Perú.

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El acceso al Santuario no tiene costo y vale muchísimo la pena visitarlo. Hay que caminar un buen trecho más, hasta que aparece el sitio, que se construyó sobre el cañón, atravesado por el río Guáitara. Se levantó en piedra y está rodeado de verde y cascadas, lo que dan una atmósfera única. Además, es tan turístico que hay músicos en la calle, tiendas de recuerdos y otros personajes interesantes, que hacen la experiencia muy valedera. Recomendado!

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Desde ahí seguimos durante dos horas y media para llegar a Pasto, capital de esa zona, llamada Nariño, que tiene más de 2 millones de habitantes.

Habíamos contactado a motociclistas locales, quienes nos ubicaron en un hotel baratísimo $20.000 (US$5 aprox).

Llevábamos apenas un par de horas en la ciudad, pero ya estábamos con dos invitaciones de personas locales. Uno de ellos fue Arnold Pedreros, un profesor de la ciudad, quien se ofreció a acompañarnos por la zona a conocer y luego, Omar Verano, miembro de LAMA (Latin American Motorcycle Association) Pasto a conocer su restaurante.

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Con ellos programamos una salida a la laguna de la Cocha, que está muy cerca de Pasto. Así que a la mañana siguiente salimos, también acompañados de Andrés y Johana, quienes nos guiaron por la zona, disfrutando de paisajes inigualables y degustando platos locales (envuelto, trucha frita y sancochos).

La Laguna de la Cocha fue un sitio sagrado para los indígenas Pastos y la pequeña isla de la Corota, ubicada dentro de la laguna, un sitio ceremonial. Existen paseos en lancha que sirven para conocer todo eso. Aprovechamos también las motos para ir hacia puntos más lejanos de la laguna a tomar fotografías.

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Otro de los puntos imperdibles en esta zona del departamento de Nariño es el volcán Galeras, junto a Arnold tomamos la ruta “circunvalar Galeras”, que rodea el macizo desde el lado oeste, cruzando pequeños pueblitos, todos de carácter profundamente agrícola. Nos maravillamos con los paisajes.

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Nos quedamos en Sandoná y luego seguimos la maravillosa carretera hacia Popayán. La calificó así porque va curva tras curva entre enormes montañas. En tramos, el despeñadero va apenas centímetros junto a la vía.

Nos quedamos en un pueblo llamado Remolinos. Nosotros queríamos llegar hasta El Bordo, pero nos advirtieron que esa zona del valle del Cauca sigue siendo algo riesgosa, más aún cuando ya la tarde cae, por lo que preferimos evitar circular por ahí.

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