Para cruzar desde Guyana Francesa a Suriname existe un ferry oficial que sale desde el lugar donde está la migración y aduanas.

El primero sale muy temprano, alrededor de las 9 AM y los siguientes después de almuerzo. Acá les dejo una foto con los horarios.

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Como teníamos unos 250 kilómetros, salimos alrededor de las 7 AM desde casa de Christope en Cayena para así poder viajar con tiempo, tener la opción de ver la ciudad fronteriza de Saint Laurent du Maroni y hacer con tranquilidad los trámites.

La ruta es toda asfaltada y sin mucha cosa que ver, salvo algunas poblaciones y el monumento de bienvenida a la ciudad de Kourou, que les mostramos en el blog anterior.

Cargué los últimos 20 euros que tenía en el bolsillo, lo que era suficiente para poder llegar hasta Paramaribo.

Llegamos a Saint Laurant du Maroni y la ciudad es bastante pequeña, pero llamativa. El tipo de construcciones es muy similar al de Cayena. Desde la carretera hasta la Aduana debe haber un kilómetro aproximadamente. Todos los servicios están ahí, pero el único trámite que se debe hacer es el timbre del pasaporte, pues para la moto no se debe realizar trámite alguno. Tranquilos, es así. En la entrada, por Oiapoque, nos explicaron que el único documento relativo a los vehículos es el seguro, que contiene los datos de éste.

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La cárcel del Papillon

Así que como eran las 11.30 hrs y la balsa salía las 14.00 hrs aprovechamos de regresar a Saint Laurent du Maroni, que en realidad no tiene mucho por recorrer y en un rato se puede conocer.

Excepto, quizás, por la cárcel de “Camp de la Transportation”. Este recinto fue levantado por orden de Napoleón para enviar a los peores criminales franceses de la época. Llegar a la Guyana Francesa era prácticamente una sentencia de muerte. Pero el “Camp de la Transportation” no era el peor. Frente a Saint Laurent do Maroni, en dirección hacia Kourou está la Isla del Diablo, un recinto donde estuvo recluido el “célebre” delincuente Henri Charriere, conocido como "Papillon" por el tatuaje de mariposa que tenía en la espalda y quien se hizo famoso por múltiples fugas de cárceles en esta región sudamericana.

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Hoy el “Camp de la Transportation” aloja varias oficinas y está bastante bien conservado, pero le falta mucho más para ser un buen museo de sitio.

Volvimos a la Aduana, pero quedaba harto en el reloj todavía para cruzar el río. En la Aduana había varios vehículos militares del Ejército francés. Venían desde Suriname. Me llamó la atención ese movimiento, pero pensé que se debe a que en los días siguientes estaba planificado un lanzamiento desde la base especial de Kourou.

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Además del ferry –que cuesta 16 euros para las motos y 4 euros para cada pasajero- existen unas lanchas que de tanto en tanto llegan a la aduana y llevan a personas que no quieren esperar el ferry. Nosotros no podíamos usarlas, porque la moto es demasiado grande.

Al llegar a la aduana timbramos los pasaportes y estábamos formalmente fuera de Francia. Pero luego recordé que para ingresar a Suriname necesitaba de un seguro, que sabía podia comprar en la frontera. Pero como ya había gastado todo los euros que tenía y no había certeza de que al otro lado pudiera sacar desde un cajero automático, me devolví a pie a Saint Laurent y aproveché de retirar algo más de plata. No debí haber hecho eso, porque en rigor ingresé ilegalmente al territorio y, además, caminé algunas cuadras bajo un sol extreme, que cuando llegué me provocó taquicardia, algún problema para respirar y malestar general.

Recuperado y avanzado el reloj subimos a la balsa -donde solo nos cobraron el valor de la moto- junto a un alemán que estaba viajado por la zona. Hablaba perfecto español, así que nos dio muchos datos sobre Suriname. El cruce en el ferry dura 25 minutos.

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Cuando subimos los vehículos, junto a mí se estacionó un auto y detrás mío un camión militar. Cuando llegamos el chofer del vehículo dio marcha y al parecer tenía enganchada la reversa y se fue contra el camión militar, dándole un tremendo golpe a su auto, que destruyó el vidrio trasero y descuadró el portalón. Yo había cruzado entre ambos vehículos segundos antes, por lo que por poco no sufro un serio accidente. Por el impacto, habría quedado –fácilmente- con varias fracturas.

Llegamos al otro lado del río y me fui a hacer los trámites aduaneros. En migración hablaban un buen inglés así que el papeleo fue rápido y el personal muy amigable.

Nosotros habíamos adquirido en Cayena la Tarjeta de Turista (35 euros), lo que nos facilitó las cosas. Como ciudadanos chilenos debemos adquirir ese documento para ingresar al país, además de exhibir un pasaporte vigente y la libreta de vacunación para la fiebre amarilla. Hay ciertos países en que los ciudadanos pueden ingresar solo con el pasaporte. Les recomiendo consultar en sus respectivos ministerios de relaciones exteriores.

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En Aduanas el oficial sabía que nosotros íbamos a pasar puesto que nuestro contacto en Paramaribo –capital de Suriname-, Dennis Lo le había avisado. El oficial me indicó en inglés todo lo que necesitaba hacer… básicamente comprar un seguro para el ingreso al país.

La oficina de la aseguradora queda justo enfrente (es un Duty Free), así que crucé la calle y compré el documento. Me costó 6 euros, con vigencia de un mes. Los funcionarios hablaban excelente ingles así que todo fue bastante fácil.

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Mientras nos preparábamos para salir, algunas personas que estaban ahí en Aduana se nos acercaron a preguntar por el viaje y estuvimos un rato con ellos explicando sobre nuestra ruta a Alaska. Fueron muy amables y amigables con nosotros. Varios de ellos hablaban español. Incluso nos compraron algunas pulseras.

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Antes de irnos cambié algo de dinero… euros por dólar surinamés.

Salimos a la ruta y todo cambió para mí. En Suriname se conduce por la izquierda, entonces al comienzo en las curvas veía camiones o camionetas venir por la pista de la derecha y pensaba que íbamos a chocar. El cambio es brusco y cuesta asimilarlo, sobre todo siendo la primera vez que conduzco de esa manera.

Avanzábamos y avanzábamos kilómetros y veía que ya casi no tenía combustible, pues al parecer el combustible rindió menos de lo habitual y el cáculo que hice desde Cayena estaba mal. Pero justo llegamos al puesto Jeff, en la localidad de Moengo. Un litro costaba el equivalente a US$0,9… un tremendo alivio respecto de lo que pagábamos en la Guyana Francesa.

El atendedor no comprendía muy bien lo que intentábamos decir, así que llamó a otra persona. Resultó ser Ricardo Pinas quien hablaba inglés, algo de español y francés. Nos atendió muy amablemente, entonces nos pusimos a conversar con él. Se interesó en nuestro viaje, así que anotó nuestras redes sociales. Luego fuimos a un pequeño kiosco a comprar algo de comer y beber. Ahí nos contó que tiene 49 años, es ingeniero en sonido y muy fanático del fútbol.

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Nos dijo también que ha viajado a Holanda y que le encanta la música. Ahí algo nos mostró de sonidos surinameses y nosotros de música chilena.

Después de unos 45 minutos hablando, seguimos camino pues aún quedaba un buen trecho hasta Paramaribo. Notamos algo más de pobreza que en la Guyana Francesa. Se parecía mucho a los sectores rurales del noreste brasilero.

De a poco comenzó a aumentar la cantidad de tráfico en la ruta y las casas junto a esta. Nos acercábamos a la capital de Suriname.

Las construcciones son muy particulares al igual que sus habitantes. Vimos personas de todas las razas. Y supongo que esto conlleva también las religiones, porque vimos templos islámicos, iglesias católicas, sinagogas y otros del hinduismo, muchos junto al camino.

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Al llegar a Paramaribo el tránsito se hizo harto más pesado y cruzamos un puente bastante alto que nos dio una linda perspectiva de la ciudad, justo en un atardecer hermoso. Lo disfrutamos mucho, pese al tránsito.

Acá el manejar por la izquierda me complicó un poco más, sobre todo por la conducción agresiva de los choferes de buses. Dimos un par de vueltas por el centro de Paramaribo cuando ya se nos iba la luz y llegamos donde Dennis Lo, nuestro amigo surinamés quien nos facilitó una pieza de su casa para poder alojar.

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Ahí comencé a ver que Suriname es un país bastante distinto al resto de Sudamérica. Su influencia holandesa se nota aún, pese a que son una nación independiente. Sus habitantes en general hablan 3 o más idiomas (holandés, inglés, surinamés, algo de español, portugués y francés, además de chino).

También son bastante cálidos y el país es tremendamente diverso desde el punto de vista cultural. Ese quizás es su mayor “plus” si es que están interesados en visitarlo.

En Suriname la moneda es el "dólar surinamés", cuya equivalencia es de SRD$7,5 por cada US$1.

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Salimos a comer a un restaurante cercano y conocimos a varios de los amigos de Dennis, también amantes de las motos. Hubiesen escuchado esa mesa… hablando en español, portugués, inglés, surinamés y holandés. Un tremendo enredo!

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En el siguiente blog les vamos a relatar respecto de la capital de este país y los preparativos para ir a la Guyana.