Salimos desde Buenos Aires tomando nuevamente la ruta 9 hacia el oeste. Teníamos que hacer gran parte del trayecto en reversa

al que hiciamos al llegar. La carretera es ancha y rápida pese a la enorme cantidad de vehículos en el camino.

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En Zárate se desvía hacia la ruta 12 al norte, en dirección a Gualeguachú, la última ciudad Argentina que veríamos. La carretera está bien, muy usada por camiones, algunos sectores con baches y lo único interesante de ver son los puentes sobre el río Paraná y otro sobre el Paranña Guazú, que además divide las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos.

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Desde que dejamos la casa de Gerardo y Alejandra en Hurlingham había una suave llovizna, que de a poco comenzó a convertirse en lluvia. Fue curioso, pero durante los dos meses que estuvimos en Argentina, jamás nos cayó agua encima. Solo el día que entramos, a comienzos de mayo, en la Patagonia. Sentí que al ser ese el último día en el país, y también lloviendo, el viaje nos daba a entender que cerrábamos un ciclo.

Aunque haya lluvia, nieve o sol, siempre en carretera nos movemos despacio. No más de 90 kms/hr. Así que en Gualeguaychú se nos hacía de noche ya. Hicimos una parada a cargar combustible porque sabíamos que en Uruguay el valor de éste es mucho más elevado. Y ya, seguimos al poco rato.

Desde Gualeguaychú hasta la frontera hay apenas 40 kilómetros. La carretera era oscura y poco transitada para ser viernes por la tarde... además de iniciadas las vacaciones de invierno, el lunes siguiente era feriado en Argentina por el 9 de julio. Esperábamos filas de autos en la Aduana. Pero no, todo tranquilo. De hecho cruzamos el puente internacional General San Martín, sobre el río Uruguay, completamente solos.

 

Al salir está la Aduana, previo pago de un peaje. Se puede cancelar en pesos argentinos o uruguayos. El valor es de poco más de US$1. 

De ahí nos pusimos en las casetas de Aduana, que son similares a las de un peaje. Habían tres autos antes que nosotros. Vimos que el trámite que ellos hacían era demasiado rápido, así que nos pareció curioso y decidimos bajarnos a preguntar. Efectivamente, por ser países del Mercosur, Argentina y Uruguay hacen un trámite más sencillo para pasar de una frontera a la otra.

Con pasaporte en mano hicimos la migración y luego iniciamos el trámite de importación temporal de la moto en Aduana.

Los documentos necesarios son:

- Documento de identidad (pasaporte o DNI)

- Título o padrón del vehículo

- Declaración de salida de la moto desde la Aduana de Chile. Esta me la pidieron para ponerle un sello.

Con eso y luego de esperar un momento quedamos listos para continuar viaje. Personal de Aduanas no nos revisó el vehículo y tampoco solicitó el seguro de responsabilidad civil que es obligatorio para ingresar al Uruguay. Lo teníamos, pero en ningún momento lo pidieron.

Seguimos y a los pocos kilómetros está la ciudad de Fray Bentos. No sin antes detenernos a tomar la foto en el portal de bienvenida a Uruguay.

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Una pasada muy rápida y continuamos. Ya eran cerca de las 20 horas y aún nos quedaban 30 kilómetros hasta Mercedes, donde nos esperaba Elvio Marbley, quien nos daría soporte para conocer la zona.

La carretera no tenía mayor complicación con baches, pero sí por la oscuridad. Como estaba lloviendo la visibilidad a través del casco era reducida y no había elementos reflectantes en el camino que me ayudaran a conducir mejor. Por eso, cuando un auto en contrario se me cruzaba, por momentos perdía de vista el camino. Afortunadamente, en estos países las rutas son generalmente rectas y las pocas curvas son muy abiertas.

Cuando dimos con Mercedes nos pareció todo muy diferente que Argentina. Allá a esa hora siempre había movimiento de personas en la calle. Independiente del tamaño del pueblo, si hacía frío o no. Acá las calles estaban desiertas, apenas andaban vehículos en la calle y todos los comercios aparentemente estaban cerrados. Apenas eran las 20.30 hrs. Luego de seguir las indicaciones del teléfono llegamos a la casa de Elvio.

Bajo la lluvia tuve que desarmar la moto para quitar las maletas y poder entrar la moto por una estrecha reja. Bien mojados conocimos su casa. 

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Él, un policía jubilado, vive con una de sus hijas en una casa que parece un pequeño museo. Allí también estaba María, su novia. Cenamos algo y aprovechamos de conversar un rato. Elvio es apasionado de las motos desde muy joven. De hecho, en la entrada de la casa tiene una Zanella de 150 cc que lo acompaña hace 30 años. Aún conversa, incluso, un manual de la marca. 

Su casa está llena de objetos antiguos que ha ido recopilando y también obsequios y recuerdos de los viajeros que han pasado por su casa.

Nos convidó un atico para poder dormir. A la mañana siguiente nos despertamos con la noticia de que un amigo suyo había fallecido, por lo que preferimos seguir hacia Nueva Helvecia, hogar de Álvaro y Cecilia, dos amigos que nos esperaban hace ya un tiempo. Ellos estuvieron en el verano de 2018 en mi casa de Coquimbo y desde ahí habíamos acordado visitarlos cuando anduviéramos en Uruguay.