Son las 4 AM en punto y suena el despertador. Preparamos todo y a las 4.45 AM estamos en ruta, saliendo desde Paramaribo,

en casa de Dennis, rumbo a Nieuw Nickerie, desde donde sale un ferry hacia la Guayana, el séptimo país de nuestra travesía.

Las calles estaban desiertas y apenas unos perros se cruzaban de tanto en tanto. Ten√≠amos que estar a las 8 AM en el puerto. Y hab√≠a 230 kms de distancia hasta Nieuw Nickerie y otros 30 hasta el embarcadero. Una larga recta con muchas casas, comercios y lombadas nos acompa√Īaron los primeros 20 a 30 kms. Por la oscuridad no pod√≠amos ir muy r√°pido. Pero segu√≠amos a una velocidad sostenida.

Desde las 6 AM comenz√≥ a aclarar y con ello a aumentar el flujo de veh√≠culos. La carretera estaba en correcto estado, pero hab√≠a poca se√Īalizaci√≥n y cada cierto trecho aparec√≠an los lomos de toro. La claridad tambi√©n nos dej√≥ ver una situaci√≥n curiosa para nosotros: junto a las viviendas, casi al lado de la carretera, estaban las tumbas de algunas personas... me imagino que miembros de la familia, enterrados all√≠, a pasos del camino y a metros de la puerta de la casa.

Avanzaba la hora y yo estaba preocupado por los kilómetros que restaban. Al mismo tiempo, el amanecer junto a la selva fue espectacular, haciéndome olvidar a ratos que estaba contra el tiempo. Los casi 30 grados ya a esa hora provocaban la evaporación del agua del rocío, creando una especie de neblina, bastante delgada. Pero hermosa.

Existe un ferry que cruza el r√≠o Courantyne -frontera entre Suriname y Guyana-, que sale solo una vez por d√≠a, a las 10 AM. Sin embargo, las puertas para acceder al sector de Aduana se cierran a las 8 AM. Cuando nos quedaban unos 25 kms a√ļn para llegar, el reloj marcaba las 7.59 AM. Apur√© el tranco y manej√© bastante m√°s r√°pido de lo que acostumbro, pero aprovech√© que el camino era bastante recto. Llegamos y el port√≥n estaba cerrado, "¬°demonios!", pens√©. Eso significaba esperar un d√≠a m√°s. Pero nos acercamos y un funcionario de Suriname nos pidi√≥ el pasaporte y libreta de vacunaci√≥n contra la fiebre amarilla. Luego de eso, abri√≥ las rejas y nos dej√≥ pasar.

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Al entrar me percaté que las puertas se cierran a las 8 AM hora de Guayana, es decir, íbamos muy bien con el tiempo, porque ese país tiene un huso horario diferente y hay una hora menos respecto de Suriname. No me quedó más que reírme de la situación.

Así que todo bien. Lo primero que se debe hacer es comprar el ticket del ferry, que para 2 personas y la moto nos costó SRD$301 (US$40). Después se entrega el pasaporte para sellar la salida y en Aduanas hay que exhibe el documento de importación temporal de la moto. El trámite es sencillo y relativamente rápido. Los funcionarios, todos, hablan inglés y son amables para explicar las dudas.

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Después de eso era cosa de esperar la salida del ferry, a las 10 AM. En esa espera se nos acercó una pareja que iba en una camioneta de patente surinamesa. Nos hicieron varias preguntas del viaje y en eso descubrimos que Steve también es motorista y que es pareja de Aly, una cubana que vive en ese país pues es médico y es parte de un programa de misiones que entrega asistencia de salud en diversas naciones.

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Subimos a la balsa y dentro de su camioneta nos pusimos a rellenar los formularios que nos entregaron. Uno de Aduanas y otro de migraci√≥n. Hab√≠a le√≠do en Internet que las personas casi se pelean por subir a la balsa, pero lo que yo vi es que todo se hizo en orden y calma, siempre guiados por funcionarios del ferry. Pero al llegar fue que comenz√≥ el enredo. 

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Lo primero que procede es pasar por la policía para timbrar el pasaporte. Luego, hay que ir hasta un kiosco de golosinas para comprar un formulario (GUY$500, equivalentes a US$2,4) para la importación temporal de la moto. Luego de rellenarlo se debe pasar por Aduanas para entregar el primer formulario (el que se llena en el ferry), donde se declara si uno lleva especies o dinero.

Una vez hecho eso, hay que ir hasta el veh√≠culo para que un funcionario revise los datos de la moto y comprobar si coinciden con el chasis. √Čste le pone una especie de firma al papel comprado en el kiosko y ah√≠ hay que pasar nuevamente a la oficina de Aduanas, donde se timbra la importaci√≥n temporal.

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Todos estos pasos son bastante lentos, porque todo el sistema es manual, se rellenan libros a mano y no hay sistemas computacionales. Pero bueno, finalmente entré a la oficina de Aduanas y la agente, entre otros, me pidió mi licencia de conducir. Como yo ando sin licencia internacional, lo que se debe hacer es comprar un permiso, equivalente a una licencia de conducir local. El problema es que el trámite se debía hacer en la ciudad de Corriverton, unos tantos kilómetros más allá.

Luego de esperar una media hora, me hicieron pasar donde la policía para registrar mis datos y luego los funcionarios me llevaron hasta la otra oficina, 20 kms adelante. La verdad se me hacía muy difícil entender lo que hablaban todos, pues si bien en Guyana el inglés es el idioma oficial, la pronunciación es muy complicada de entender. Se aleja bastante de cualquier inglés que haya oído antes.

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Allí tuve que completar un formulario de solicitud de la licencia guyanesa, pagar GUY$2000 (US$9,5) y, claro, esperar. Afortunadamente, Steve y Aly estuvieron siempre con la Pau y la movilizaron en su camioneta. Mientras yo hacía todos esos trámites ellos aprovecharon de pasear un poco y visitar a algunos conocidos. Cuando llegó a la oficina, la Pau me traía agua que Steve y Aly compraron. Ya habían pasado varias horas, ellos habían paseado harto y yo estuve ahí metido en una oficina, intentando hablar en el complicado inglés guyanés.

El problema fue que los √ļltimos billetes que ten√≠a en mi bolsillo los us√© para pagar el ferry y los cajeros autom√°ticos de Guyana no todos reciben tarjetas de cr√©dito como VISA o Mastercard. Estaba perdido. Sin ese permiso no pod√≠a manejar la moto.

Steve me salvó la vida y me pasó los GUY$2.000.

Mientras firmaba los papeles apareci√≥ Koldo, una espa√Īol que tuvo un problema similar al m√≠o, salvo que tuvo que pedir una copia de su licencia a Espa√Īa pues la que portaba estaba vencida y no le extendieron el permiso de conducir. Su moto pas√≥ casi una semana en la Aduana sin poder salir de ah√≠.

Luego de eso, seguimos nuestra ruta y Steve y Aly también. Intercambianos teléfonos y acordamos juntarnos a comer en Georgetown, capital de Guyana.

Si bien tenía suficiente combustible en la moto, estaba preocupado de si sería tanto como para hacer los 170 kms hasta la capital del país. Paramos en un par de cajeros y nada, no podía extraer dinero. No aceptaban tarjetas internacionales. Me dijeron que en New Amsterdam, una ciudad 70 kms más adelante, podría sacar en un Scotiabank.

Llegamos y sí, pude extraer plata local. Ahí se congregó harta gente a mirar la moto y nos tomamos fotos con algunos de los curiosos, que poco o nada sabían de Chile. La mayoría estaba tremendamente asombrado de nuestro viaje hacia Alaska.

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Despu√©s de tanquear continuamos hasta Georgetown. El 80% del camino est√° siempre con casas a los costados. Es como si los pueblos se hubieran extendido de manera paralela a la ruta, pues no ten√≠an m√°s de dos calles hacia el fondo. Hab√≠a un pueblo tras otro, algunos separados por escasos metros. Carteles enumerados se√Īalaban sus nombres; en total fueron 75 localidades peque√Īas que cruzamos.

La arquitectura de las viviendas es profundamente llamativa, con una clara influencia hind√ļ. Muchas ten√≠an figuras de los dioses de esa religi√≥n, banderas y mensajes en la lengua de la India. Tambi√©n hab√≠a algunos templos isl√°micos.

Llegamos a Georgetown

Pasamos un puente flotante y a medida que nos acerc√°bamos a Georgetown el tr√°fico aument√≥ bastante. La verdad es que fue bastante ca√≥tico. El acceso a la ciudad es, simplemente, bastante feo, con much√≠simas obras en la ruta, animales en la carretera, personas que caminan sobre la calzada y unos furgones que funcionan como transporte p√ļblico que se cruzan de un lado para otro.

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Al igual que en Suriname, en este país también se conduce por la izquierda, pero a esta altura ya no me confundía tanto como al principio. Tuvimos 4 controles de policías, pero solo en uno nos pidieron los documentos. Pasamos sin problemas, pese a que estaba advertido de que aquí la policía suele pedir dinero.

Aquí nos quedamos en un hotel de calle Cummings, bastante cerca de todo. Dormimos temprano ya que estábamos en ruta desde la madrugada anterior. Dormir fue difícil, por el extremo calor, además de que la habitación solo tenía un ventilador.

A la ma√Īana siguiente reci√©n salimos cerca de las 11 AM. Lo primero que hicimos fue buscar un lugar para comer. En eso est√°bamos cuando vemos una enorme bandera chilena flameando. Nos detuvimos a mirar y era la embajada de nuestro pa√≠s. Pasamos a preguntar y en un rato breve est√°bamos junto al embajador, con quien amablemente conversamos durante una media hora, hablando de diversos temas. √Čl ha pasado por varios de los pa√≠ses que conoceremos en nuestro viaje, por lo cual nos dio muchos tips.

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Fuimos a comer y paramos en un puesto callejero que ten√≠a techo y asientos. Elegimos un pollo y cerdo con arroz, propio de aqu√≠. La comida era muy picante y nos hizo sudar much√≠simo. Est√°bamos en eso y se comenz√≥ a nublar, se ve√≠an algunos rayos y se escuchaban fuertes truenos, que incluso activaban las alarmas de los autos. De pronto, comenz√≥ a caer un diluvio. Fue tremendamente fuerte, pero breve.  No m√°s de 20 o 25 minutos. Me imagino que es lo que dicen que son lluvias tropicales.

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Así que esperamos que pasara el aguacero y nos fuimos a recorrer algunos puntos de interés de la ciudad. Georgetown es algo desordenado y ciertos sectores están sucios. Lo que nos llama la atención es que las calles no tienen veredas, entonces las personas caminan por la calle. Imaginarán que eso produce un verdadero caos.

Pasamos por la catedral de San Jorge, la m√°s alta del mundo ‚Äďseg√ļn la Wikipedia- hecha en madera. Me pareci√≥ extra√Īa la disposici√≥n interior y luego record√© que al ser hecha durante la √©poca de la Colonia Inglesa, deb√≠a ser Anglicana.

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La mayor parte de la estructura estaba con obras, ya que la están restaurando… pero al parecer van por partes pues un sector ya estaba terminado. En el interior había un tremendo desorden y algunos puntos inhabilitados. De todas formas, pudimos apreciar muy bien la construcción.

En general, toda la ciudad tiene un estilo similar, con construcciones de dos pisos en madera. Algunas est√°n perfectamente conservadas y otras casi en ruinas.

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De todas formas, Georgetown es una ciudad un poco m√°s √°spera que otras en las que hayamos estado. No s√© si se puede considerar ‚Äúuna ciudad‚ÄĚ como tal, ya que su configuraci√≥n es extra√Īa. Pareciera que no hay avenidas grandes, ni plazas principales ni un centro c√≠vico perfectamente definido. Todo es como un poblado, pero grande. Las calles en general no tienen veredas y las personas deben caminar por la calle. Junto a ellas pasan canales, que contienen muchas aguas, que r√°pidamente se estancan luego de una lluvia, fomentando la aparici√≥n de mozquitos A veces, tambi√©n, generan mal olor.

Pero eso mismo lo hace una ciudad interesante de conocer, ya que se aleja bastante a lo que hayamos visto en otras partes de Sudamérica.

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El asunto del cementerio

Aparte de los lugares turísticos típicos de Georgetown, como el mercado Straboek, Promenade Garden, el edificio del Parlamento o la Catedral de San Georges nosotros decidimos ir al cementerio de Le Repentir.

Déjenme decirles, tal cual, que nunca había visto tal nivel de miseria humana. No quisimos tomar fotos a muchas cosas, por algo de respeto, pero el lugar es putrefacto.

El terreno está en medio de la ciudad, rodeado de casas de personas muy pobres, viviendo en lugares a muy a mal traer, junto a canales de aguas estancadas y donde se vierten tuberías desde los inmuebles.

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El cementerio no tiene ning√ļn tipo de mantenci√≥n. √Ārboles, pasto y matas han crecido a tal nivel que la mayor parte de las tumbas est√°n perdidas entre la vegetaci√≥n.

Le Repentir es gigante, yo diría que tiene unos 3 kms de extensión. No hay cierre perimetral que lo separe de la calle. Por eso, en su interior hay caballos, vacas, cabras, perros y muchos animales buscando algo para comer.

El agua ha repletado las tumbas, muchas ya destruidas por el paso del tiempo y la nula mantenci√≥n. Vimos personas que han convertido los mausoleos en sus casas. Afuera tienden su ropa y con una tela cubren el interior de sus "moradas".

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En otra calle, personas sacaban agua de los putrefactos canales, probablemente para asearse. Más allá, la basura se acumulaba por montones. Hasta autos incendiados había en el interior del cementerio.

Las calles est√°n con barro, arena, pasto, piedras. Es dif√≠cil moverse por ah√≠. Entre medio de todo eso, hab√≠a un entierro.

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En general, la muerte tiene un significado y relevancia importante en muchas culturas. Aqu√≠, pareciera que el lugar es un mero vertedero de cuerpos humanos, sin recuerdo alguno y en el m√°s profundo olvido. Fue de lo m√°s impresionante que he visto.

Aprovechamos en Georgetown de conocer un poco de la noche de este país. Nos reunimos con Steve y Aly, y también fuimos a ver un concierto de rock.

Adem√°s, en Georgetown conoc√≠ a un viajero de Paraguay -Hugo-, quien hizo el tramo desde Lethem a la capital de Guyana, que es bastante dif√≠cil. Aprovechamos de intercambiar algunos datos y preparnos junto a Koldo, el viajero espa√Īol de quien les cont√© antes.

De hecho, con Koldo nos quedamos en el hogar de Gordon, un Couchsurfer que tenía en su casa hospedando no solo a nosotros, sino que también a una pareja de mochileros: ella de Uruguay y él de Chile. Fue una verdadera sorpresa encontrar a tanto viajero en un solo lugar. Con ellos compartimos un par de días y conocimos más de la ciudad y de la noche de Georgetown.

Luego de recuperar energías, nos preparamos para realizar el dificultoso camino de vuelta a Brasil. Pero el infierno que se nos venía delante se los cuento en el próximo blog.

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