Luego de que seguimos rumbo al norte a través de la Ruta 40, una de las míticas carreteras sudamericanas, dado que atraviesa Argentina por más de 5.000 kms, permitiendo conocer todo el país, sus distintas geografías e idiosincrasias,

nos movimos unos pocos kilómetros, 100 para ser exactos, hacia la localidad de Esquel. Es una pequeña ciudad abrazada por un cordón montañoso que en esta época logramos verlo cubierto totalmente de nieve.

El camino hasta ahí no tuvo mayor complicación, salvo que este tramo tuvo algo más de curvas, por lo que la conducción se hizo entretenida, ya que las interminables rectas de la Patagonia terminaban cansando rápidamente.

En el camino a Esquel conocimos a Clara, una mujer mapuche, quien nos comentó de la lucha que lleva en la ciudad contra la instalación de grandes proyectos mineros de oro y plata, tanto en las montañas como en la pampa, así como el enfrentamiento que existe entre comunidades mapuches y el Estado argentino. Esto último, por la reivindicación de territorios ancestrales que hoy están en manos de privados.

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Con ella también pude conocer cómo se prepara la sidra, una bebida alcohólica que se fabrica con manzana. Así que ahí estuve con ella un tiempo cortando manzanas, quitándole las pepas y luego moliendo la fruta en una máquina especial. Una vez filtrado el zumo, lo envasamos en botellas. Agregando azúcar, dejándolo en un lugar oscuro y esperando 45 días a que fermente, ya está, sidra lista para beber.

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También me dediqué a buscar información de los periódicos locales para acercarnos a contar la historia de nuestro viaje, los objetivos de éste y también contar quiénes nos han apoyado en esta travesía. Fue así que conocimos a los chicos del Diario La Portada, creado por un grupo de profesionales de la prensa local, quienes se agruparon e iniciaron hace un año este proyecto que hasta ahora –según me comentaron- ha funcionado muy bien. Ello, pese a los vaivenes que sufren los medios de comunicación a nivel global. Pueden leer la entrevista aquí.

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Y nuestro paso por Esquel también estuvo muy marcada por Gustavo Albino. A él lo conocimos en Río Mayo, hartos kilómetros más atrás, mientras cargábamos “nafta” a nuestra Andariega. Nos habíamos hospedado en el mismo hotel, incluso comido en el mismo local, pero no habíamos logrado cruzarnos. Él vio nuestra moto y le llamó la atención. Pero por esas cosas de la ruta, mientras estaba en la estación de servicio, él también pasó a cargar combustible a su vehículos y pudimos conversar un momento. Ahí, él amablemente me pasó sus datos e invitó a su hogar. Unos días después, luego de haber conocido Tecka, nos fuimos a su casa, que comparte con su mujer, Vivi. Ahí estuvimos hablando mucho sobre motos y viajes, y luego llegó Gabriel, un amigo de Gustavo, quien también es fanático de las motos. Tuvimos una exquisita cena en la que aprovechamos de compartir visiones sobre cómo se organizan Chile y Argentina.

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Gustavo nos trató de lo mejor. La verdad es que nos sentimos como en nuestra casa. Al día siguiente planificamos ir a conocer el Parque Nacional Los Alerces, a unos 40 kms de Esquel. Gustavo tuvo que trabajar en la mañana y luego de almorzamos, salimos junto a Vivi, su simpática mujer, rumbo a conocer el parque. El camino era muy curioso. Como avanzaba entre la meseta el paisaje era más bien “típico” de la Patagonia: pastos secos y bajos con uno que otro árbol. A medida que nos acercábamos, el valle se encajonaba y el verde comenzaba a dominarlo todo. Anduvimos unos 30 kilómetros dentro del parque, bordeando el lago Futalaufquén. Nos detuvimos en un punto que permite caminar un pequeño sendero, rodeado de verde, humedad y paisajes espectaculares. Una de las cosas novedosas para Gustavo, quien es un fanático y muy buen fotógrafo, era el drone que llevamos. Así que aprovechamos de hacer un vuelo por la zona y tomar algunos videos y fotografías, que luego con gusto le compartí.

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Más imágenes del parque pueden revisar aquí. 

Una vez en casa, nos reunimos con unos íntimos amigos de Gustavo y Vivi, quienes durante dos años recorrieron América en una camioneta. Así que aprovechamos de aprender muchos datos de ellos, sobre todo respecto a cómo generar recursos en ruta.

A medida que tomamos la ruta 40 al norte el paisaje fue cambiando severamente. De una pampa amarilla y de pastos bajos pasamos a pequeños manchones de verde, coronados con montañas nevadas. Manejar por ahí fue exquisito, aunque el viento lateral amainaba ese alegre conducir, porque no solo hacía más penetrante el frío, sino que complicaba el llevar la moto, pues nos movía de un lado a otro. Para peor, la carretera tenía tramos en mal estado, así que debía evadir los hoyos, arrancar de los camiones que venían en la pista contraria y luchar contra el viento.

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Pese a ello, como siempre La Andariega estuvo notable, dando rendimientos de 4.0 lt/100 km. Acá la bencina sigue estando a bajos precios, debido a los subsidios del Estado en la zona Patagonia. El litro de súper está entorno a los 21 pesos (aprox US$1).

De Esquel nos separaban unos 160 kms apenas. Así que luego de despedirnos de Gustavo y Vivi, tardamos muy poco en llegar a El Bolson, un pequeño poblado andino, muy turístico en verano pero helado en invierno y sin mayor tráfico que el de sus propios habitantes.

Ahí quedamos con Coco, un motociclista, miembro del moto club Forajidos, quien nos recibió en su casa. Nada que decir de él y Morena, su mujer. Hicieron de todo para que nos sintiéramos como en casa.

Probamos unas milanesas exquisitas y luego nos convidó de un licor de frambuesa maravilloso. Nos quedamos hasta muy tarde conversando sobre la situación política de Argentina y, obvio, de motos.

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Estar con el, en su casa, y con todo lo que he vivido desde el inicio del viaje me llevo a reflexionar que la fraternidad nunca ha estado relacionada con lo que una persona tiene. Se puede ser muy humilde o muy adinerado, pero eso no determina al Ser. Son sus valores, principios y moral los que hacen a una persona trascender y definir su carácter.

A la mañana siguiente estuve con el hijo de Coco, tocando algo de guitarra, enseñándole algunos acordes y luego con Morena aprendimos a preparar Panchos. Esta es una preparación rápida en Argentina, similar a un hotdog o “completo” como decimos en Chile, pero que acá lleva salsas y aderezos de distinto tipo. Morena tiene un local en El Bolson, donde aprendimos a prepáralos. Realmente son muy buenos. 

Están ubicados en calle Líbano 3009, en pleno centro de El Bolson.

Este local es un clásico de este turístico pueblo. Los comensales han ido dejando recuerdos escritos en el porta Pancho que se entrega junto con el pan y los pegan en el muro del recinto. Todo un atractivo.

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Después de recorrer el entorno de El Bolson dimos con Bariloche, pero esa es historia para el próximo blog!