Hasta último momento teníamos muchas dudas de entrar a Venezuela en moto. Cuando preguntábamos sobre el país la mayoría nos hablaba "pestes",

argumentando una infinidad de problemas y poniendo acento en la falta de seguridad. Pero luego me puse a reflexionar y vi que la totalidad de aquellos comentarios venían de personas que jamás han pisado Venezuela. 

Preferí seguir mi máxima y consulté solo a aquellos que vienen saliendo del país y otros que aún siguen viviendo allá. Es decir, opiniones reales. Afortunadamente, nos encontrábamos en Boa Vista, Brasil, donde está repleto de venezolanos, así que tuvimos un par de días para nutrirnos de información. 

Eso nos dio el empujón final para decidir viajar a un país con tal nivel de crisis.

Elegimos algo de ropa, pusimos las herramientas de la moto y llevamos nuestros documentos. Nada más. Lo suficiente como para estar una semana y apenas tomar fotos con el celular. El resto de nuestras cosas las dejamos en Boa Vista, en casa de Anthony y su familia, de quien les comenté en el blog anterior.

Salimos un jueves temprano. Hay poco más de 200 kms desde la capital del estado de Roraima hasta Pacaraima, la ciudad junto a la frontera. La ruta es bastante aburrida. Los paisajes son similares al tramo que habíamos hecho desde Lethem a Boa Vista, salvo que eran rectas interminables. Solo un pedazo con trabajos en el camino rompió con la monotonía del viaje.

Al llegar a Pacaraima, tuvimos que pasar un puesto del Ejército de Brasil. Era la primera vez que nos tocaba algo así. Varios militares con fusil nos preguntaron nuestro motivo para estar allí y solicitaron todos los papeles identificatorios, tanto de nosotros como de la moto.

Eso solo nos permitió entrar a Pacaraima. El pueblo es pequeño pero revienta de personas. Hay mucho comercio y de inmediato me llamó la atención la enorme cantidad de venezolanos, muchos de ellos ofreciendo cambiar dinero: de real a bolívares soberanos, y viceversa. Fajos enormes de dinero batían en sus manos junto a la calle principal, por donde todos deben pasar si quieren cruzar de un país al otro.

1 frontera 1 aduana

Seguimos sin atender mucho. Estábamos entre ansiosos y nerviosos por cruzar. Nos paramos en el límite, donde dos enormes banderas, una de cada país, marca la frontera. ¡Nos habíamos pasado la migración y aduana brasilera! Así que allí llamamos a Edwin, un venezolano a quien conocimos a través de un grupo de apoyo a motoviajeros llamado “Planeando Rutas”. Él nos guiaría en los trámites.

Mientras lo esperábamos tomamos algunas fotos. Vehículos de placa venezolana pasaban de un lado a otro. Luego me explicaron que entre Pacaraima y Santa Elena de Uairén, la primera ciudad del otro lado de la frontera, hay libre tránsito, gracias a un acuerdo de ambos países.

Una vez que llegó Edwin junto a su novia Osgli, lo primero que hicimos fue timbrar la salida de Brasil. Fuimos a una enorme carpa instalada por el Ejército para atender a los cientos de venezolanos que cada día salen desde su país a buscar una nueva oportunidad de vida.

1 campamento

Hablamos con un militar y sin tener que hacer ninguna fila pasamos directamente a timbrar el pasaporte. El trámite fue, con suerte, de 5 minutos. Ir con pasaporte alivia mucho los trámites.

Ahí pude ver que hay gran cantidad de funcionarios apoyando el ingreso de refugiados al país. Se proveen alimentos, vacunas, asistencia legal y hasta alojamiento. Vimos familias completas saliendo de Venezuela cargando su vida en apenas unos cuantos bolsos.

Aquellos que no llevan un pasaporte pueden ingresar con su cédula venezolana, pero deben realizer un trámite más largo. En los muros hay mucha información de la ONU respecto a la vulneración de derechos humanos, trata de personas y formas de esclavitud moderna. Se hace mucho hincapié en que todos los trámites son gratuitos. Me imagino, que deben existir muchos buscavidas aprovechándose de aquellos que intentan escapar del socialismo.

Luego de eso tocaba hacer la salida de la moto desde Brasil, pero decidí no dar de baja el documento que nos había dado Receita Federal cuando entramos desde Guyana. Eso, por si algún problema se presentaba al entrar a Venezuela. Por mi cabeza cruzaban imagines de fugas de los militares y cruces ilegales de la frontera, así que quise dejarme esa documentación, pese a que era irregular lo que estaba haciendo.

El acceso nuestro a Venezuela también fue rápido. La verdad esperaba hacer una fila de varias horas, pero no. Apenas llegamos al módulo nos atendieron y timbraron rápidamente. Averiguando, supe que hacía algunas semanas hubo un fuerte enfrentamiento entre brasileros y venezolanos. Los primeros hastiados de supuestos robos cometidos por los segundos. La tension llegó al punto que quemaron los improvisados campamentos en que los venezolanos viven en Pacaraima. Eso hizo que aumentara la presencia militar en la frontera y disminuyera el flujo de refugiados a través de esa aduana.

1 placa chavez 1 interior aduana

Y ahora venía el principal problema: ingresar legalmente la moto a Venezuela. Pasé a la oficina de Seniat, la autoridad aduanera venezolana y todo iba viento en popa hasta que me preguntan por un seguro. Les enseño el que adquirí en Chile y que he usado en todos los países por los que hemos viajado, pero todo se tornó en problemas.

Primero, que el seguro no servía, luego, que necesitaban revisar la póliza, después, que debían preguntar a la jefatura en Caracas, pasado un rato, que esperara afuera que iban a resolver el tema. La cosa es que pasaba el tiempo y el funcionario que me atendió no me decía nada.

Cuando eran las 14.45 hrs me apunta dos alternativas: o puedo ir a Santa Elena, unos tantos kilómetros más allá a comprar un seguro o que él, mágicamente, me podría vender uno y con eso, en 10 minutos, tendría todos los papeles en regla y podría seguir camino. “Todo legal amigo”, repetía con frenesí el tipo.

La oficina cerraba a las 15.00 hrs. No tenía mayor chance, pues el funcionario me indicó que ir hasta Santa Elena con la moto sin papeles legales podría resultar en una incautación.

Me cayó muy mal el hecho de pagar así, pero era eso o quedar en un limbo legal dentro de Venezuela. ¿Transitar ilegalmente en Venezuela? No señor, preferí pagar.

Así que frente a una enorme foto del comandante Hugo Chávez –líder ideológico de la revolución bolivariana y expresidente de Venezuela- dejé el billete para el funcionario de Seniat, quien me pidió que lo escondiera en una impresora. Si era legal, ¿por qué debía esconderlo?

1 foto chavez 1 entramos

Después de unos minutos esperando obtuve el mentado seguro… un documento prácticamente illegible pero que tenía el logo de una aseguradora. Todo legal, según el aduanero. Con ello, me dieron también la "autorización vehicular".

Si no hubiese sido por ese tema en particular, en 20 minutos habríamos estado en Venezuela, pero en vez de aquello, demoramos más de 4 horas.

Finalmente, para ingresar al país es necesario presentar:

  • Pasaporte
  • Documento de propiedad del vehículo
  • Seguro contra accidentes

Estos son todos los sellos y documentos que deben recibir en caso de ingresar al país:

2 pasaporte 2 pasaporte aduana

2 aduanas papel

Nos fuimos 20 kilómetros al norte hacia Santa Elena de Uairén. Todo se veía normal, hasta que llegamos al aeropuerto, que me parecía interesante de conocer debido a su particular construcción. Pero estaba repleto de miembros de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), la policía militarizada- y no pudimos entrar. Al parecer alguna autoridad política estaba en la zona.

Como no habíamos almorzado nos fuimos a la ciudad. Me pareció un poco desordenada, algo sucia pero normal dentro de todo. Bastante similar a varios poblados del noreste de Brasil.

2 sata elena

Paramos en el Mercado. Había mucha gente en la calle, vendiendo todo tipo de cosas, cambiando dinero, ofreciendo diversos servicios. Fue un poco loco el acceso. Como íbamos sin las maletas de la moto, no llamábamos mucho la atención.

El Mercado tenía varios puestos, casi todos abiertos. A simple vista se veían bien abastecidos. Nos sentamos en uno donde tenían “cachapas”, un plato local que nos recomendaron. Aprovechamos de probar un picante hecho con un tipo de hormiga local, bastante grande.

2 mercado 2 mecardo gente

Pedimo eso y un plato de carne con arroz. Para beber, una Coca Cola. La cuenta nos salió $1900 bolivares soberanos, la nueva moneda, introducida por el gobierno de Nicolás Maduro para intentar enfrentar la hiperinflación que sufre la economía local. Ahí me vi ante el primer golpe. El sueldo mínimo en Venezuela –en esos días- era de $1800 bolivares soberanos. Es decir, todo nuestro almuerzo costó poco más de lo que un trabajador obtiene en un mes.

Increíble que una persona obtenga apenas US$10 por 31 días de trabajo. Y todos los días su valor baja. Según el gobierno, un real brasilero –que es la moneda que portábamos- equivalía a 17 bolivares soberanos. Pero en la calle ya se transaba a 50: en apenas unas semanas se había devaluado profundamente.

2 mercadoplato 2 mercado char

Estábamos levantándonos de la mesa cuando un grupo de niños se acercó para pedir tomar lo que había quedado de nuestro almuerzo. Nosotros nos impactamos, pero allí todos lo veían como una situación normal. Me comentaron que en zonas del interior, incluso se ve a los niños que mendigan en profundo estado de desnutrición.

Luego de eso recorrimos algo más de la ciudad, conociendo un convento, cuya iglesia de piedra es uno de los patrimonios locales. Subimos hasta un mirador, llamado “Parque Venezuela Heroica”. Desde allí hay una vision de todo el valle, pero el lugar da lástima: no se ha hecho mantención alguna en mucho tiempo. Está lleno de basura y el pasto crece al punto de cubrir bancas y escaleras.

A nadie la importaba, solo a nosotros.

3 iglesia 3 iglesia afuera

3 parque 3 parque abandonado

3 vista parque 3 parque selfie

Ya se hacía de noche y Edwin nos ayudó a encontrar lugar para dormir. Nos quedamos del lado brasilero, en Pacaraima, a metros de los hitos que marcan la frontera. Nos prestaron una hamaca para dormir dentro de una fábrica de muebles, que hoy administra un grupo de venezolanos.

Con ellos escuché historias terroríficas. Javier tiene a toda su familia en Maracay, a dos días de viaje desde allí. Le ofrecieron un trabajo con paga en reales, una habitación, cama, baño y tres comidas diarias. Cuando llegó, nadie de quien lo contactó lo esperaba. El galpón de trabajo servía también de dormitorio. Se encontró con una veintena de personas durmiendo en condiciones indignas. Le pasaron una hamaca que tuvo que rechazar debido al mal olor. Durmió 15 días en el suelo.

Recibía una comida diaria, poco sabrosa según él y servida en platos que en mucho tiempo no habían sido lavados. En el lugar no había ni siquiera tenedores. Con alguna tabla que recogió del taller se hizo de uno para poder comer. Cuando reclamó, la única respuesta que recibió fue “es que quizás no te explicamos bien cómo eran las condiciones”.

4 gente amigos

Al tiempo, el encargado del lugar se fue con el dinero de varios trabajos que había logrado en el pueblo y los clientes, enojados, las emprendieron con los venezolanos. Ellos se hicieron del negocio y de a poco han ido recuperando la confianza de los lugareños.

Al día siguiente, Javier debía salir a las 5 AM rumbo a Boa Vista para obtener un permiso legal para trabajar en Brasil. Con eso, su destino comenzaría a cambiar, pero su espíritu dañado, tardará en recuperarse.

En sus ojos se notaba congoja, pero es firme en su convicción de encontrar un buen sustento para la familia. Logró un buen negocio que lo tendrá ocupado varios meses. Estaba contento también porque incluso podrá llevar algo de mercadería a su casa para las fiestas de fin de año.

Cerca de ese taller había varios campamentos. Si bien el Ejército mantiene uno, muchos deciden vivir en la calle. Al parecer tienen menos restricciones, según nos comentaron.

4 gente grupo 4 gente noche

Los campamentos se arman con 4 palos, forrados con plastico, que sirve de dormitorio. Las personas duermen en condiciones inhumanas, sufriendo en el barro cuando llueve o quemándose bajo el sol. Y esos campamentos también se convirtieron en lugar para las mafias: algunos se apropiaron de ellos y cobraban una tasa diaria para poder dormir allí. Los baños están al aire libre, junto a los improvisados cuartos. Pude ver cómo una familia completa dormía junto a un regadero de papeles con excremento humano. A la mañana siguiente una niña salió de allí con dos botellas para cargarlas con agua de una llave ubicada en el patio de una casa.

Conversé con muchos venezolanos, que me contaron sus historias y otras de sus conocidos. Me decían que a medida que se avanza al interior del país se ve mucha hambruna, incluso a personas muy pobres buscando algo de comer entre la basura.

Otros me contaron sobre los abusos de la GNB, algo que yo vería con mis propios ojos después.

La increíble Gran Sabana

Al día siguiente las emprendimos rumbo a la Gran Sabana, la zona que queríamos conocer. Lo primero era cargar combustible. Antes de Santa Elena hay una estación de Petróleos de Venezuela (PDV), pero había una enorme fila de vehículos esperando. Fuimos a preguntar y los guardias de la GNB nos indicaron que no había gasolina.

Con ellos no se puede discutir mucho, porque al tiempo que nos decía que no había combustible, dejaban pasar otros vehículos para cargar sus estanques.

Pero avanzamos unos cuantos metros y llegamos a un lugar donde había un hombre mayor parado junto a la carretera. Hizo una seña y Edwin ingresó. Lo seguí. Ahí algo conversaron y el hombre accedió a vendernos algunos litros de combustible. Nos acercamos a una casucha y vi que tenía infinidad de tambores con gasolina. La vendía a R$3,5 por litro. Increíblemente más cara que el precio de Venezuela, pero 1 real más barata que en Brasil. Puse 5 litros y seguí.

5 gasolina 2 5 gasolina

Avanzamos unos kilometros y visitamos la Quebrada de Jaspe, una cascada en que el curso de agua corre sobre piedra jaspe. Es bastante impresionante. El río pareciera ser de color rojo.

Al salir, la comunidad indígena que administra el lugar cobra una tasa, equivalente a $0,10 reales (US$0,002).

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A partir de allí empezamos a ver muchas comunidades indígenas. Viven en casas hechas de barro y llamativos techos construidos con ramas. Muchas viviendas lucen cerradas y sin movimiento hace tiempo.

Pasamos luego por una alcabala de la GNB. Ahí los uniformados debían timbrar el documento de ingreso de la moto. Hicieron varias preguntas sobre el porqué de nuestra visita al país y cuál era el destino en Venezuela.

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Al mismo tiempo, junto a mí, otros guardias quitaban una bolsa con mercadería que una mujer llevaba en su vehículo. Ella medio entre lágrimas suplicaba pidiendo que la dejaran pasar, pero los guardias argumentaban una serie de leyes tributarias para cobrarle una serie de impuestos para recién dejarla seguir. Le decían que debía ir a miles de kilometros de allí, en Caracas, a hablar con Aduana para pedir autorización de ingreso de la mercadería. Un absurdo. Yo solo miraba al official que tenía frente a mí, sin hablar más que para responder lo que me preguntaban.

Timbrado el documento seguimos hasta San Francisco de Yuruaní, que además es el ingreso al Monte Roraima. Almorzamos en el lugar, administrado por comunidades indígenas paconas. Frente a nosotros había un puesto de policía. Lo curioso era que los efectivos utilizaban armas como flechas y arcos. Lamentablemente no nos permitieron fotografiar eso.

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Luego de comer continuamos nuestra ruta y nos detuvimos en el salto de Pacheco, donde aprovechamos de bañarnos. Fue excelente el refresco en medio de un día de intenso calor.

De a poco comenzaba a terminar la jornada y Edwin junto a Osgli debían regresar a Pacaraima. De ahí en más quedaríamos solos en Venezuela, al tiempo que comenzaba a terminarse mi combustible.

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Desde Yurani íbamos a seguir al norte, 78 kms hasta el poblado de Kamoirán. Ahí teníamos que abastecernos de gasolina. Cuando llegamos, ya iba con la luz de reserva de combustible encendida, así que debíamos cargar ahí sí o sí.

Cuando alcanzamos el pueblo, vimos largas filas de vehículos apareciendo desde la estación de servicio. La entrada a ésta se encontraba cerrada y vigilada por miembros de la GNB armados. La única opción era esperar que llegara el camión con combustible, pues los tanques de la estación estaban vacíos. Eso podia ocurrir en una hora o al otro día.

Ya era tarde y vimos cómo las personas se preparaban para dormir, así que entendimos que el camión no llegaría pronto. La mayoría dormía en sus vehículos. Justo frente a la estación había un hotel y nosotros pagamos una habitación, equivalente a 3.000 bolivares soberanos. Casi nadie de los que estaba ahí podia pagar la habitación del hotel (equivalente a casi 2 sueldos mínimos), así que estábamos casi solos. El resto de personas durmió en el estacionamiento dentro de sus autos.

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Fuimos al restaurant del hotel y no tenían más que arepas con huevo y café. Salimos a buscar algo, pero el lugar era muy pequeño y no encontramos nada.

Caminamos junto a la carretera en la más absoluta oscuridad. Sobre nosotros el cielo estaba estrellado, pero unos kilometros mas allá, sobre el Roraima, una tormeta de rayos encendía el cielo. Fue espectacular. Esa misma tormenta llegó luego sobre nosotros y en la noche cayó una fuerte lluvia.

Al día siguiente, antes de las 7 AM estaba en pie, mirando por si llegaba el camión. Recién cerca de las 8 AM comenzó el movimiento y todos los que esperaban se preparaban para cargar gasolina.

En eso estábamos cuando vimos que entre los que esperaban había una llamativa kombi amarilla. Claramente eran viajeros. Ellos nos saludaron y así comenzamos a conversar. Eran Miguel y María Gabriela, dos jóvenes profesionales que salieron desde Caracas unos días antes con el objetivo de recorrer Sudamerica en su “Kombi Ananda”. Ellos cocinan y venden algunos productos para poder financiar el viaje. Nos convidaron algo para desayunar y luego de eso abrieron la estación, así que debimos despedirnos.

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Como había alojado en el hotel tenía preferencia para entrar a la estación, pese a que llegamos de los últimos. Así que ingresé y llené el tanque. 22 litros costaron R$0,10 (US$0,002). La tanqueada más barata de mi vida. No tenía 10 céntimos de real, así que le di una moneda de 1 real al surtidor. Con eso, pagué el equivale a 10 tanqueadas la moto. Estaba sorprendido con lo barato del combustible.

Al resto de vehículos le vendían solo 25 litros de gasolina. No había chance de cargar más. La alternativa era ir al mercado negro… pagando precios de mercado negro.

La cosa es que las personas que estaban ahí nos desalentaron un poco de seguir avanzando. Nos indicaron que más adelante habría más controles de la GNB y conseguir gasolina sería más complicado.

Así que con la Pau decidimos abortar nuestra mission de seguir hasta Isla Margarita y preferimos solo recorrer la Gran Sabana. Nos quedamos dos días más, visitando la gran cantidad de saltos que hay cerca de la carretera Troncal 10, como el Kama Meru, Yuruaní y otros. Teníamos un mapa con varios puntos marcados y había uno que nos interesaba mucho: el Mirador del Oso, desde el cual se podia tener una excelente vista del Roraima. Esa era la alternativa que teníamos de verlo, ya que una expedición en jeep significaba desembolsar varios dólares. Podríamos haber intentado ir en la moto, pero por trocha llegaríamos hasta cierto sector y desde ahí todo sería incierto.

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Hicimos la versión alternativa y nos internamos por un camino bastante malo que nos significó algunos problemas.

Ese día se nos fue rápido visitando lugares. La carretera era casi para nosotros solos. Muy pocos vehículos se veían rodando. La mayoría que cruzábamos iban cargados de barriles de gasolina y otros con víveres.

Nos fuimos hasta Santa Elena porque al día siguiente queríamos conocer Parai-tepuí, un lugar del cual nos habían hablado.

Encontramos un hotel, probablemente uno de los más grandes de la ciudad. A nosotros nos resultaba bastante barato para lo que ofrecían. Nosotros en general solo habíamos llevado reales brasileros, porque en donde nos movimos todos lo aceptaban. De hecho, a ellos les convenía ya que es una moneda que no se devalúa como lo hace el bolivar soberano. Pero en esta ocasión me convenía pagar en bolívares, ya que el precio en la moneda de Brasil era mucho más alto.

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Así que salí y apenas di unos pasos pude cambiar un billete recibiendo a cambio un fajo de soberanos, con los cuales pagamos una habitación.

Desde ahí conocimos algo más la ciudad –donde me llamó la atención la cantidad de casas que lucen deshabitadas, probablemente por personas que han dejado el país- e intentamos interactuar con los locales. Sin embargo, nos pareció que las personas eran algo parcas y les costaba ser amables. Me pareció curiosa la situación, considerando que en general las personas de países caribeños tienden a ser extremadamente simpáticas.

8 billetes

Luego de esa “misión fallida”, regresamos al hotel y miramos algo de la TV local. Las emisoras al aire parecían ser solo aquellas afines a la ideología socialista. Los canales nacionales emitían infinidad de noticias positivas sobre el gobierno de Maduro y vi varios reportajes sobre el Partido Socialista Unido de Venezuela (creado por Hugo Chávez), donde se pasaban muchas informaciones respecto de las acciones que lleva adelante el gobierno. Cada tanto se repasaban discursos y palabras de Chávez, y donde toda mención a los problemas del país eran atribuidos al capitalismo e imperalismo extranjero.

Lo que más me llamó la atención fue un comercial en que el gobierno pedía a los ciudadanos entregar el oro a cambio de bonos para la jubilación. Las autoridades aseguraban que las joyas estarían a mejor resguardo con ellos.

La verdad sentía algo de pena por no adentrarnos más en Venezuela. Creo que tuvimos una vision parcial de lo que ocurre allí. Sentimos a un pueblo entristecido y que ha perdido la esperanza de que las condiciones políticas actuales puedan cambiar, pero al mismo tiempo estábamos maravillados, ya que los paisajes que logramos conocer eran de otro mundo.

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Luego de eso, decidimos retornar a Brasil. Era ya domingo, hicimos los trámites de salida, bastante rápidos y de ingreso al Brasil, también ejecutivos. Ese día tuvimos opción de ver a muchos más venezolanos entrando a Brasil, personas cargando bolsos, hacienda dedo en la carretera para adentrarse en el país y otros tanto preguntándonos respecto de Chile, país al que muchos venezolanos ven como opción para asentarse.