Después de que salimos del Chiflón del Diablo se lanzó una lluvia tremenda. O capaz que no haya sido tan intensa, pero para nortinos como nosotros era prácticamente como que el diluvio universal caía sobre nuestras cabezas.

Aunque el problema mayor es que no podía ver más de 5 metros delante de mí, ya que la cortina de agua era demasiado intensa.

A duras penas avanzamos, a muy baja velocidad a medida que el chaparrón amainaba. Los trajes de agua funcionaron bien, pero las botas y guantes se me pasaron, así que iba con mucho frío. En Curanilahue nos detuvimos a media tarde para poder comer algo e intentar secarnos. Entramos a un pequeño restaurante. Con nuestros trajes y todos mojados, realmente parecíamos bajando de una nave espacial. Todos los comensales nos miraban con asombro. Ya era muy extraño ver a viajeros en esa pequeña localidad y más aún como vestíamos. Nos quitamos la ropa y la esparcimos entre las máquinas del restaurante.

Mientras comíamos recibí el mensaje de Álex Leal, un seguidor del viaje a través del fan page de Facebook (el que pueden seguir haciendo click en este enlace) ofreciéndonos un lugar donde alojar en Cañete, una pequeña comuna del Biobío, que quedaba unos kilómetros más adelante. Así que finalmente nos pudimos reunir con él y nos sorprendió cuando amablemente nos facilitó una cabaña en las afueras de la ciudad. Para nosotros fue increíble, ya que la casa era como de comercial: rodeada de verde, con casas alrededor echando humo por sus chimeneas, con animales pastando tranquilamente y sin el desorden propio de las ciudades. La moto, además, quedó bajo techo.

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La casa tenía una cocina a leña, así que aprovechamos de secar algunas de nuestras cosas que habían sufrido con la lluvia. Pero uno de los guantes de moto quedó muy cerca del calor y cuando me percaté de ello, ya se había chamuscado un poco, por lo que tuve que cortarlo para poder meter la mano. 

A la mañana siguiente salimos en dirección a Contulmo, una linda colonia alemana, la cual nos maravilló con los colores de sus sus árboles, que por el otoño se tornaban café. Maravilloso. Después, unos kilómetros más adelante tuvimos la oportunidad de compartir un almuerzo, gracias a la invitación hecha por Carlos Ruiz, un amigo motociclista de Chillán, a quien solo conocía a través de las redes sociales. Charlamos sobre el viaje, sobre el conflicto mapuche y sobre otros temas, que sin duda daban para mucho tiempo más, pero nosotros teníamos que llegar a Pucón en esa jornada. 

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La Pau me pidió una parada en Traiguén, ya que ahí se juntaría con una amiga de Huasco, quien ahora vive y trabaja ahí. Luego de copuchar un rato seguimos camino hacia Pucón, donde finalmente llegamos cerca de las 22 hrs. Ahí nos quedamos unos cuantos días, haciendo base en Motocamp Pucón, un lugar creado por Cristian Maragaño, viajero chileno que recorrió el mundo en su moto, y quien diseñó un espectacular lugar para recibir a los motoviajeros. Pese a que por la época del año el hospedaje está ya cerrado, él amablemente nos habilitó dos camas y desde ahí nos dedicamos a recorrer la Araucanía. Sin duda, un lugar maravilloso.

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Aquí les dejo algunas fotografías y si quieren ver otras, pueden chequear esta galería de imágenes. Algunos de los impresionantes lugares que nos regaló la Araucanía fueron los balnearios lacustres de Pucón, Villarrica, Caburgua, Coñaripe, Neltume, Choshuenco y Panguipulli. Nos dieron postales inigualables, sobre todo en esta época del año (abril/mayo) cuando el otoño hace lo suyo con los colores.

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También aprovechamos de comer muy bien, sobre todo en esta zona, donde las preparaciones con embutidos, carne y papas empiezan a ser abundantes. Y tambien a bajo precio. Logramos comer un plato principal más entrada y postre por CLP $3.000.

Cuando salimos de la zona lacustre de la Araucanía quedamos de juntarnos con Alvaro Rojas (4 Ojos 2 Ruedas) y Ayleen Martínez (motoviajera chilena) en Futrono, para luego visitar unas termas. Íbamos camino hacia allá, pero se nos ocurrió tomar caminos alternativos de ripio, lo que nos retrasó bastante, ya que el camino no era sencillo y luego comenzó a llover, con mucho frío. De a poco, comencé a sentirme muy mal. Una fuerte jaqueca se apoderó de mi cabeza y lo único que pedía era un lugar donde recostarme. Ahí decidimos cancelar el viaje hasta Futrono y llegando al pequeño poblado de Los Lagos, nos alojamos en una residencial. Por CLP $10.000 ofrecían una cama y ducha caliente. Perfecto para nosotros. Bajamos las cosas y me recosté. Al poco rato golpean la puerta para cobrar el valor. Reviso mi billetera y no tenía efectivo. La Pau tampoco. La dueña no aceptaba transferencias y tampoco tenía sistema de pago con tarjetas. No me quedó otra opción que levantarme, ponerme el traje de moto e ir a buscar un cajero automático. Y bajo una intensa lluvia. Al final resultó todo bien y al regresar, siendo las 20.00 hrs. me dormí para no saber nada más hasta el otro día.

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 Nuestro objetivo era llegar a Puerto Montt, donde nos quedaríamos en casa de Karen, una amiga de la Pau. Pero antes hicimos una parada en Osorno, ya que ahí existe una tienda de motos grande y podría reponer el guante que ya hacía varios días usaba completamente roto. Pero como ya a esta altura he perdido toda noción de los días, olvidé que era 1 de mayo y por el Día del Trabajo estaba todo cerrado. Así que luego de un recorrido breve por Osorno, las emprendimos hasta Puerto Montt.

Sorpresivamente, frente  a la plaza de armas de la ciudad estaba abierto un local de comida, por lo que pensamos comer algo rápido y barato. Tremenda sorpresa nos llevamos cuando vimos que un completo italiano (pan con vienesa, palta y tomate) costaba CLP $3.800. En mi ciudad cuestan CLP $1.000. Asumimos que el alto valor de la palta en el sur de Chile tuvo su efecto en este tipo de preparación. Pero al final, el local se caracterizaba por tener precios elevados, porque en los días siguientes vimos que en Puerto Montt los "italianos" valen igual que en el resto de Chile.

Puerto Montt fue una ciudad en que aprovechamos de visitar a amigos de Coquimbo que viven allí y también para hacer algunos trámites que me quedaron pendientes en Coquimbo.

Finalmente, nos preparamos para emprender viaje hacia la Isla de Chilóe, un lugar mágico por la particularidad de sus habitantes, sus tradiciones, mitos y leyendas y por su sabrosa gastronomía, ligada completamente con el mar. Pero ese relato quedará para el siguiente blog.