Le queremos hacer el “quite” a la ruta Panamericana, algo monótona y lejos de cualquier lugar interesante que ver. Por eso, después de una semana parados en Santiago de Chile para hacer trámites

y compartir con la familia retomamos el viaje rumbo al sur. Gracias a varias indicaciones pudimos salir de la ciudad sin pagar el mentado TAG o telepeaje, que es bastante caro para los vehículos que no tienen contrato con las autopistas.

Así que tomamos una carretera alternativa que nos llevó desde Alto Jahuel por una cuesta conocida como Chada, de curvas muy cerradas y asfalto áspero, para comenzar a recorrer la región de O’Higgins. Para variar salimos tarde, así que al poco andar se nos hizo la hora de almorzar. Aún estamos con los horarios “normales” de vida, por lo que el hambre aparece con regularidad militar entre las 13 y 14 hrs. Paramos en Graneros, un pueblo netamente agrícola. Al llegar, sentimos un fuerte olor a café, pero pensamos que era de algún restaurante cercano. Luego supimos que estábamos a un par de cuadras de una fábrica de Nescafé.

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Nos costó llegar a la plaza principal. Las personas nos daban indicaciones algo confusas y no queríamos usar el GPS. Incluso nos metimos por una feria, donde todos nos miraron con cara de asombro, ya que vamos con una moto aparatosa y nuestros trajes dignos de Neil Amstrong.

Hasta que dimos con la Plaza de Armas. Ahí había un hombre que nos miraba hacía mucho. Parece que la pensó harto antes de tomar la decisión de acercarse. Lo primero que nos consultó fue la cilindrada de la Andariega. Bastó que respondiéramos y estuvimos una hora conversando con él. Estaba muy triste por la reciente separación de su mujer e hijos. Nos contó que a veces vagaba y dormía en la calle, pese a tener una casa y buen empleo. Quería salir a viajar en su moto de 250 cc. Lo animamos a que lo hiciera.

Nos costó despedirnos de él. Era muy amable.

Desde ahí seguimos camino por varias comunas agrícolas, en medio de carreteras de curvas muy sinuosas y junto a plantaciones de los más diversos productos. Así fue que cruzamos Doñihue, Coinco, Quinta de Tilcoco, San Vicente de Tagua Tagua, Pichidegua.

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En Larmahue hay unas ruedas o azuetas que junto al camino llaman muchísimo la atención. Son unas estructuras de madera que sirven para tomar el agua de los canales de regadío y llevarlas mediante gravedad hacia otros puntos. Es una manera de distribuir el agua que se diseñó en el siglo XIX y que debido a su funcionamiento permanente desde esa época fueron declaradas Monumento Nacional. Estábamos fascinados haciendo fotos y videos, pero justo frente a ellas presenciamos un accidente cuando una mujer en bicicleta intentaba cruzar la carretera, siendo embestida por un automóvil. Socorrimos a la mujer, quien resultó solo con golpes, aunque su bicicleta quedó inservible. Llamamos a Carabineros y luego de ver que todo estaba en orden, seguimos nuestra marcha hasta Pichilemu.

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El camino en esta parte cambió drásticamente. De los cultivos pasamos a bosques de pinos y eucaliptus, administrados por empresas forestales. La temperatura bajó considerablemente a medida que nos acercábamos al mar y ya entrando a Pichilemu una llovizna y neblina nos entumeció.

Como no teníamos nada reservado, nos pusimos a buscar algún tipo de alojamiento. Estamos en temporada baja, así que creímos que sería sencillo. Pero la verdad es que no fue tan fácil: teléfonos apagados, hospedajes cerrados y el frío nos desanimaron un poco.

Finalmente dimos con una cabaña, que nos cobró $15.000 (US$25). Había dos calles en la ciudad con el mismo nombre. ¿Adivinen a cuál fuimos primero? Claro, a la que no corresponde. Así que después de un rato largo, recién pudimos encender la salamandra, abrigarnos un poco y pudimos comer.

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Ahí decidimos que en las jornadas siguientes nos dedicaríamos a conocer las caletas del centro de Chile que el 27 de febrero de 2010 fueron destruidas por el tsunami que afectó la costa del país luego de un terremoto 8.8 Richter, uno de los más fuertes que se han registrado con instrumental moderno.

Fue una dura tragedia para este país. Sobre 500 personas murieron y los daños materiales fueron inmensos. Algunas informaciones que leí en Internet dicen que solo el Estado de Chile invirtió US$6.000 millones en la reconstrucción. A eso habría que sumar los fondos de privados.

En Punta de Lobos, al sur de Pichilemu, estuvimos un buen rato viendo cómo las olas eran desafiadas por surfistas de distintas nacionalidades. Este lugar es conocido por ser un buen lugar para practicar este deporte, por lo que nos entretuvimos mucho observando cómo se movían sobre el mar.

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Y ahí empezó nuestro periplo por localidades como Cahuil, Bucalemu, Boyeruca y Llico. En Boyeruca aprovechamos de almorzar algo y conversar con las personas que nos abordaron en su pequeña plaza. Curiosamente, ahí había una motocicleta de patente argentina que llevaba un sidecar. Eran dos hombres de edad avanzada que se movían recorriendo también las caletas. Fue la única moto, aparte de la nuestra, que vimos en todos nuestros días moviéndonos por esas zonas de las regiones de O´Higgins y Maule.

Los caminos forestales se movían entre empinados cerros, por lo que la conducción también se puso a prueba. Había tramos en subidas muy pronunciadas con un ripio muy fuerte, que debido al peso que llevamos debíamos hacerlas muy lento y en primera marcha. Lo pasé muy bien manejando por ahí. El sol tenía fugaces apariciones entre los árboles, nuestra sombra se reflejaba en el piso y el olor de los bosques nos llenaba los pulmones con cada bocanada que dábamos.

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Seguimos conociendo caletas e hicimos noche en Constitución. Nos quedamos en una residencial, una de las pocas que encontramos disponible, por $15.000. En la noche salimos a conocer el pueblo. Personas locales nos aconsejaron de lugares a visitar. Desde la costanera se puede ver la isla Orrego, donde el tsunami se llevó la vida de varias personas que estaban ahí la noche del 27F. Hoy un memorial los recuerda.

En un pequeño puesto del centro comimos unos sanguches de lengua muy sabrosos. Los dueños del local también eran amantes de las “tuercas” así que nos preguntaron harto sobre nuestro viaje.

En esta galería de imágenes podrán encontrar algunas fotografías que reflejan nuestro paso por la zona. Haz click en este enlace!

Y les dejo este video blog que resume también esta primera parte del viaje Chile – Alaska. No se olviden que pueden suscribirse a nuestro canal de YouTube haciendo click en este enlace.

Nos leemos en el siguiente relato de lo que nos pasó en la zona sur de Chile!