A la mañana siguiente nos fuimos a recorrer la ciudad. Había marcado varios sitios de interés, así que lo primero fue ir a la plaza

de la independencia, donde se concentran varios edificios de gobierno, así como el Fuerte Zeelandia, que ahora aloja un museo. El cobro de ingreso es de 25 dólares surinameses (US$3,3).

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Este fuerte lo construyeron los ingleses –Suriname primero fue colonia inglesa y luego cambiaron este territorio con los holandeses por lo que hoy es Nueva York- y actualmente alberga un museo que cuenta la historia del país. Es bastante llamativo y está repleto de objetos que muestran la variada cultura local.

Suriname es un país independiente desde 1975. En la década de 1980 tuvo una dictadura militar y en este fuerte se asesinó a algunas personas opositoras al régimen de Desi Bouterse 

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Continuamos mirando varios edificios locales, además de la arquitectura bien particular de la ciudad, basada principalmente en estructuras de madera.

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Por la tarde decidimos conocer algo que me intrigaba mucho, la profunda sinergia de religiones y doctrinas filosóficas del país. Aquí conviven cristianos, musulmanes, judíos, hinduistas, budistas, evangélicos, testigos de Jehová, entre varias otras. Disfrutamos mucho mirando los templos, construidos muy cerca uno del otro. Este país me dio una clase magistral de tolerancia y respeto, ya que aquí todas las religiones conviven en paz e incluso reciprocidad. Caminando incluso encontramos una sinagoga junto a una mezquita, algo que en otros puntos del mundo es imposible y tiene a los fieles de ambas religiones enfrascados en crueles guerras.

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Aprovechamos también de conocer la costanera (Waterstraat), conocer su particular sistema de locomoción pública y conversar con algunas personas, dado que aquí la mayoría de los ciudadanos hablan inglés, además de los idiomas oficiales: neerlandés y surinamés.

La cantidad de culturas presentes es increíble. Abundan los chinos, así que durante la noche comimos en un restaurante donde los comensales son los encargados de prepararse la comida, ya que todas las mesas tienen una cocina en el centro. El restaurante entrega una sopa base, de sabor neutro o picante y cada cual pide diversos ingredientes que llegan crudos a la mesa. La experiencia es bastante interesante. Comer allá es relativamente barato y se puede gastar alrededor de US$2 en un plato en la calle o el doble en un restaurante barato.

Pasamos un par de días más en Suriname, porque nos habían hablado mucho de visitar el mercado. El Centrale Markt queda sobre la Waterkant. Afuera está repleto de los buses de locomoción colectiva, que son un verdadero espectáculo de la ciudad: los choferes los pintan de colores y adornan con diversos stickers, algunos con fotografías de cantantes o actores famosos. En el interior los asientos están forrados de plástico y tienen tapices con diseños de animales. Muy curioso.

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Bueno, afuera del mercado hay un gran paradero de estos buses, así que no fue problema identificarlo. Al entrar no vimos más que decenas de puestos donde se venden en su mayoría verduras y frutas. Hay un par de puestos de comida, pero la verdad es que no se veía muy sabrosa y decidimos comer en locales de alrededor.

Es muy llamativo el mercado, pero es posible recorrerlo en un tiempo breve, así que salimos para las calles de alrededor que también tienen muchísimo movimiento de personas.

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Alrededor del mercado hay mucho movimiento y hay que andar con cuidado. A nosotros nos intentaron cambiar el precio del estacionamiento mediante argucias, solo por ver nuestra procedencia extranjera. Así que se debe andar con precaución en este punto.

Por la tarde nos trasladamos al parque Peperpot, un lugar protegido cerca de la ciudad donde es posible apreciar selva amazónica y vida silvestre en estado natural. Hay un sendero de 3,2 kms donde pudimos ver monos, muchísimas aves así como la flora del lugar. Lo recomiendo. El valor es de SRD$20 (US$2,6).

Elegimos ese parque porque en el interior del país hay otra reserva –Brownsberg-, donde se pueden ver aún más atractivos naturales (incluyendo cascadas), pero nos dijeron que llegar era algo complicado y que en esta época del año, por ser temporada seca, las cascadas llevan apenas agua. Considerando los valores de ir hasta allá preferimos conocer el Parque Peperpot, que es más pequeño, pero no deja de ser muy interesante también.

A la mañana siguiente iniciamos la salida hacia la Guyana, país que nos depararía algunos problemas, sobre todo por la profunda burocracia que allí existe. Pero eso se los cuento en el próximo blog.