Antes de salir de Mercedes, Elvio nos acompañó a cambiar dinero. Hasta ahí no habíamos tenido problemas,

porque aceptaban moneda de Argentina, pero de ahí en adelante se pondría difícil. Así que en un rato ya tenía algo de pasta uruguaya en mis manos. 

US$1 equivale a UY$31. Andaba con unos dólares en el bolsillo más la plata que me quedaba desde Buenos Aires y con eso seguimos. No quisieron recibir en la casa de cambios los pesos chilenos que andan bailando en mi billetera hace unos meses. Uruguay nos sorprendió por lo caro que es: comer no baja de UY$300, dormir por UY$800 y así. Bastante más caro que los promedios que teníamos en Argentina y Chile.

Elvio nos recomendó evitar la ruta 2, que nos llevaría hasta Nueva Helvecia -el siguiente destinto en el viaje- puesto que había trabajos sobre la ruta para repavimentarla. Para ellos, que suelen manejar motos chopper, los caminos de tierra son un gran lío. Así que desoyendo su consejo me aventuré por ese camino. Evitarlo significaba usar las rutas 21 y 22, hacieno casi el doble de kilómetros. Y con la lluvia y frío que hacía no nos gustaba esa idea.

Eran unos 150 kilómetros que debíamos recorrer. Bajo la lluvia se hizo un poco más lento, pero nada que nos retrasara en demasía. Los primeros kilómetros no tuvimos inconvenientes. Atravesamos algunos pueblos pequeños, sorprendidos por la tranquilidad que se siente en el ambiente, la calma con que se toman las cosas en Uruguay y la poca cantidad de vehículos en ruta.

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Pero depsués de pasar por la ciudad de Cardona, hanía un tramo de unos 30 kilómetros en que se había levantado el antiguo pavimento y estaba un trazo de tierra (o barro debido a la lluvia) que nos hizo divertirnos un rato. El problema no era ese, tampoco los baches de la ruta. No, el problema fue que entre medio de la tierra había alquitrán o el material con el que se asfalta la ruta y, sin darnos cuenta creyendo que era barro, pequeñas pelotas se iban adhiriendo a la moto. Incluso cuando nos adelantaba un vehículo este material se pegaba en el casco y ropa.

Sin prestarle atención a ello seguimos hasta Nueva Helvecia, donde nos esperaba nuestro amigo Álvaro y su esposa Cecilia. Con ellos estuvimos varios días, conociendo la zona y comprendiendo también la cultura uruguaya, muy distinta a la argentina.

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Estando en casa de Álvaro aproveché de limpiar la moto, cuando me percaté del gran problema con los residuos de la ruta. Con una hidrolavadora quitamos la mayor parte del barro y algo del asfalto. Varias horas después y unos cuantos litros de kerosene de por medio, pudimos quitar casi todo el alquitrán pegado en la moto. Fue una tarea dura.

moto

Lo que más me sorprendió de Uruguay es la enorme cantidad de mate que se consume. Es una bebida ineludible, al punto que los habitantes del país suelen ser reconocidos por portar un matero y agua hervida, para consumirlo en cualquier momento y ocasión. El mate los reúne. Curiosamente, la hierba más consumida es de procedencia brasileña. Aquí beben la infusión de una hierba mucho más molida que la existente en Argentina, hecha con pedazos más grandes de hierba.

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Aprovechamos de recorrer Nueva Helvecia (Colonia Suiza), ciudad del departamento de Colonia, donde viven unas 10 mil personas. Nació hacia mitad del siglo XIX con colonos suizos, alemanes, franceses y austríacos, por eso su arquitectura y tradiciones locales hacen referencia a esos países, sobre todo Suiza. La arquitectura es particular, con edificaciones que parecen europeas, también las iglesias, una católica y otra evangélica. De hecho, en algún momento la ciudad estuvo dividida entre quienes profesaban ambas religiones. Algo así como un "muro de Berlín" religioso.

La ciudad es tremendamente tranquila y en la plaza principal está el monumento a los fundadores de la ciudad, a diferencia de todas las otras plazas en Uruguay, que tienen a Artigas como principal símbolo.

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Desde ahí aprovechamos de recorrer otros puntos del departamento, como su capital, Colonia del Sacramento. Se puede acceder a ella a través de la ruta 1 o 21. Colonia es una ciudad pequeña, con claro toque colonial. De hecho, se fundó en 1680 por un grupo de españoles. Estas tierras estuvieron en disputa entre las coronas de España y Portugal, por las dificultades de interpretación del tratado de Tordesillas, que establecía los límites en el Nuevo Continente. Por casi 100 años estuvo así, pasando de mano en mano, hasta que con los procesos independentistas, en 1828 quedó definitivamente para Uruguay.

Su casco histórico es hermoso, pero muy pequeño. Mezcla distintos tipos de arquitectura de la época colonial. En 1995 lo declararon Patrimonio de la Humanidad. Sus calles son empedradas y estrechas. Quedan reminiscencias de su pasado y también algunas historias como en la "calle de los suspiros" donde abundaban los prostíbulos. 

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Nos acompañó Álvaro y Cecilia a conocer la zona y luego prepararon un clásico del país: cazuela de mondongo. Es un estofado que lleva diversas verduras, jugo de tomate y estómago de vaca, además de chorizo. Se prepara en una caldera en llamas de madera, para que tenga un sabor más penetrante.

Estuvimos unos días en Colonia Suiza recorriendo los departamentos vecinos y sufriendo nuevamente por el alquitrán en los caminos en reparación. Para nuestra suerte, al ser Uruguay un país agrícola y ganadero, existen cientos de caminos interiores, generalmente de tierra/barro, pero que permiten evadir las rutas principales e incluso acortar camino. Nos hicimos de un mapa y solo usamos esas vías.

Y no solo eso, además, en Uruguay se encuentra el combustible más caro de Latinoamérica. A la fecha de nuestra visita -días antes sufrió un alza de 5%- el litro estaba a UY$54,95 (equivalente a US$1,75). Por eso, excedernos en la cantidad de kilómetros recorridos afecta directamente nuestro presupuesto para el país. La principal estación de servicio es ANCAP, que además distribuye a otras empresas como Petrobras y ESSO. El precio está fijado de igual forma en todo el territorio nacional, por ende, no existen variaciones entre un departamento u otro, o entre una marca y otra.

Con Álvaro y Cecilia tuvimos oportunidad de conocer el departamento de Colonia y también las costumbres locales. Fuimos a una cervecería artesanal y junto a un grupo de amigos conversábamos respecto de la sensación de seguridad que sentíamos en el país. Estábamos en ello cuando un sujeto ingresa al bar y me toca el hombro. Al rato vuelve e intenta tomar la cerveza de la Pau. Siguió molestando un poco dentro del local hasta que los dueños llamaron a la policía.

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En Nueva Helvecia también la Pau pudo manejar por primera vez en su vida una motocicleta. Es algo que hace tiempo que quiere aprender, pero como nuestra Andariega es muy alta y ella bajita, pues no es tarea fácil. Más bien imposible, por no hay manera de que pueda tocar el piso con la moto. Así que tomamos la Yamha RX100 de Álvaro y salió por ahí a dar unas vueltas. Con algo de práctica y se podría ir a Alaska en dos ruedas.

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Algo apenados por salir, dejamos la ciudad y nos fuimos hasta Las Piedras, una ciudad adyacente a Montevideo, capital del país.